YA NO CUELA

Eso nunca ha pasado

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En el siglo XII antes de Cristo, un cataclismo sobre el que los historiadores no se ponen aún de acuerdo sumió el Mediterráneo Oriental en una Edad Oscura que para los griegos duró un siglo y medio. La gloriosa Micenas quedó destruida y abandonada, y los griegos perdieron incluso la escritura, que habrían de copiar luego de los fenicios. Pero no llegaron a perder el conocimiento del pasado gracias a un esfuerzo consciente de transmisión oral de su historia en forma de cantos, como la Ilíada y la Odisea.

La memoria es uno de los peores enemigos del tirano. Un pueblo con memoria sabe quién es, conoce su identidad, sabe de lo que es capaz, quiénes le han traicionado y quiénes le han beneficiado. Un pueblo con memoria puede alejarse del peligro y conservar lo que funciona.

Por eso el tirano odia la memoria, por eso quiere que el mundo empiece con él de cero, de ese Año Cero que decretó Pol Pot o, muchos siglos antes, el Emperador Amarillo.

Hoy no es posible que el mundo olvide la escritura, que olvide leer. No es posible que la gente ignore que hubo un pasado, así que el expediente es reescribirlo, el ‘memory hole’ de 1984, los retoques fotográficos de Stalin.

Ha dicho Pedro Almodóvar con ocasión de la gala de los Goya que “sin ayudas no hay cine independiente y sin éste, un país se queda sin memoria». Es meritorio concentrar tanta mentira en tan pocas palabras. Para empezar, no sé cómo se puede llamar ‘independiente’ a un cine que depende de la subvención de un gobierno, con un incentivo tan evidente de vender un mensaje tan claro.

Para seguir, el cansino y monótono revisionismo ideológico al que se entrega desde hace décadas esa trouppe en su mayoría infecta que llamamos ‘cine español’ es lo contrario de le memoria: es la reconstrucción del pasado.