YA NO CUELA

Estación término

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La última ideología, la definitiva, profetizaba Chesterton, será la de los ricos decididos a pasárselo bien a cualquier precio. Estamos en esas.

Naturalmente, la inercia pesa, y hablar de ‘izquierda’ y ‘derecha’ sigue siendo de rigor en los medios de comunicación tanto como en el bar o en los hogares. Pero cualquiera que permanezca mínimamente atento al panorama advertirá fenómenos desconcertantes para el esquema tradicional.

Por ejemplo, que todas las multinacionales y los grupos bancarios -el ‘coco’ de los rojos de antaño- defiendan como un solo hombre las mismas propuestas que con más entusiasmo jalea la izquierda. Y los medios, y las universidades, y eso que se llama ‘mundo de la cultura’, pero aquí entramos en lo redundante: esas cosas se compran, como cualquier otra, y solo las fortunas más conspicuas pueden pagar el precio.

¿Y en qué queda la supuesta ‘derecha’? Si hablamos de la rama liberal, sorprende lo mucho que ha hecho en la práctica para agigantar el Estado y cuánto ha recortado las libertades individuales. Si de la ‘nacional’, asombra su entusiasmo por disolver fronteras y ponerse, genuflexa, a lo que quiera mandar el eje franco-alemán. Tenemos así el paradójico panorama de que antiseparatistas y separatistas tienen la misma idea de que el futuro es diluirse en esa burocracia amorfa que llaman pomposa y abusivamente ‘Europa’.

No, avanzamos hacia lo que predecía Chesterton, que tiene un nombre: anarcotiranía. Es decir, un agobiante cúmulo de leyes y restricciones para la población mayoritaria y la licencia y el cerrar los ojos para las élites y sus grupos de agraviados profesionales que les sirven de coartada y de disolvente.