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Eurocatetos contra VOX

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Los mismos mentirosos que vaticinaron y aún insisten en predicar todo tipo de calamidades para Gran Bretaña por salirse del la Unión Europea, rápidamente han salido a lanzar un anatema contra VOX por criticar abiertamente la decisión del TJUE sobre la inmunidad de los europarlamentarios separatistas y llamar a plantar cara a las decisiones que vengan de Europa y atenten contra nuestra soberanía nacional. 

Ciertamente nuestros Tribunales nunca debieron permitir que estos criminales se presentasen a comicio alguno cuando estaban procesados y en prisión provisional por atacar la unidad de España y pretender subvertir la Constitución. Pero la decisión del Tribunal de la UE, unida a las decisiones de Bélgica y Alemania sobre la extradición de Puigdemont, ha llevado a muchos españoles a replantearse el sentido que está tomando la construcción de la Unión Europea. 

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Tiempo atrás los franceses nos sorprendieron rechazando el proyecto de constitución europea de corte masónico que Valéry Giscard d’Estaing elaboró en 2003. Nadie en España esperaba que alguien se atreviese a rechazar las directrices que las elites europeístas trazaban para nuestro futuro. Pero poco a poco en toda Europa se han ido alzando voces disidentes que se niegan a aceptar el proyecto mundialista que, bajo el consenso capitalismo-socialdemocracia, quiere reducir al ciudadano europeo a la condición de consumidor y contribuyente despojado de arraigo, a través del relativismo moral, el multiculturalismo, la inmigración masiva, la ideológia de género y su última estratagema, el alarmismo climático. Para lograrlo antes necesitan eliminar las raíces cristianas de Occidente y acabar con las comunidades naturales de solidaridad: familia y nación. 

Francia con el Front National, fue la nación pionera en esto que han dado en llamar euroescepticismo, pero por toda Europa ha ido creciendo la oposición a un proyecto de construcción europea que prescinde de las raíces ético-culturales de Europa, anula la soberanía de las naciones, arruina y esquilma a las clases medias y recorta sus libertades a los ciudadanos. 

En España, como siempre tarde, parece que por fin nos enteramos de que lo que se ventila es nuestro futuro como comunidad nacional. Con la disculpa de los millones que en subvenciones y otras dadivas nos han llovido desde la Unión Europea y la modernización que supuestamente nos ha permitido afrontar, los españoles jamás osábamos hacer otra cosa que aceptar con un respeto reverencial cualquier cosa que viniera de las institucione europeas. Es más, aún agradecemos que exista una Unión Europea que, se supone, nos salva de nosotros mismos, limitando los desmanes económicos que pudieran cometer gobiernos como el de ZP o el que se nos viene encima de Pedrito Sánchez. 

No nos damos cuenta que nuestra vida cotidiana se ha visto invadida por una miriada de reglas que “pastorean” nuestra libertad y nuestra soberanía bajo el objetivo de la armonización de la Unión Europea. Por poner un ejemplo inicuo políticamente, la reglamentación sobre aislamiento térmico de las viviendas, que lo mismo se aplica a las localidades del círculo polar ártico de Noruega que a las Canarias, lo que revela el grado de estulticia que guía las actuaciones de la burocracia europea y lo acostumbrados que estamos los españoles a aceptar sin rechistar cualquier gansada que provenga de las institucione europeas. 

Aunque sea costa de las coces que nos han dado los Tribunales belgas, alemanes y europeo, celebramos que el pueblo español empiece a espabilar y a darse cuenta que no todo lo que viene de Europa son maravillas y que diluir nuestra soberanía nacional no sale gratis. 

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