YA NO CUELA

Fuera máscaras

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El momento más confuso y peligroso en cualquier cambio de época es cuando las palabras ya no corresponden a las cosas que supuestamente designan. Necesitamos el lenguaje, un código claro que nos ayude a interpretar el mundo y lo que está pasando, pero se hace poco menos que imposible cuando las etiquetas siguen ahí, pero las cosas son otras.

Ese es el momento en que estamos precisamente ahora, y esa es la razón por la que creo que no solo hace bien Vox presentando una moción de censura, sino incluso anunciándola con más de un mes de antelación.

Los opinadores expertos y reconocidos de la prensa oficial, esos mismos cuya nula capacidad de predicción parece a veces inversamente proporcional a su prestigio y reconocimiento, se han empezado a reír ya de ambas cosas. De la moción de censura en sí repiten lo obvio: que no puede ganarla. Y eso se supone que reforzará la legitimidad de Sánchez. Y del hecho de anunciarla con tanta antelación se ha criticado como torpe o incluso perezoso, como si lo hicieran para no arruinar sus vacaciones estivales. Es decir, se mueven en lo viejo, usando categorías polvorientas como si fuesen relevantes hoy. Es como gente que aún cree en la ‘pegada de carteles’, la ‘campaña electoral’ o en la ‘jornada de reflexión’.

Si Vox tiene algún sentido, si tiene alguna relevancia, no es como oposición al PSOE, ni a Podemos. La existencia misma de Vox solo se justifica como oposición a todo el espectro. Ahora, si usamos el viejo e inservible esquema, el que todavía usan los politólogos -como añosos astrónomos que se aferraran al sistema ptolomeico después de Copérnico-, deberíamos creer que hay un bloque de izquierdas, los que gobiernan, y otro de centro-derecha constituido por Ciudadanos, PP y Vox. De hecho, en las pasadas elecciones hubo frecuentes llamamientos a la ‘unidad de la derecha’, como si algo así existiera.

Pero lo comprobable, lo visible, oculto solo por la persistencia de las etiquetas, es que Vox se presenta como oposición a todo lo demás. Uno solo tiene que repasar aspectos concretos, políticas específicas, para comprobarlo. Solo hay que soltar la rémora de los viejos nombres. Por supuesto, Vox podría fallar en eso y no ser lo que dice ser, pero eso ya es otra cuestión, completamente distinta.

Igual que la campaña electoral no es ya ese periodo oficial, rígidamente marcado, que precede a unas elecciones, sino todo momento y ocasión de la vida política, esta moción de censura solo oficialmente empezará en septiembre. En la realidad ha empezado ya, en este momento. Y todo va a girar en torno a ella. Vox está forzando un juicio global con algo que es más una enmienda a la totalidad que cualquier enmienda a la totalidad.

Ha hecho, con su anuncio, un parlamento virtual de los medios, pero también de la calle, de las redes sociales. Es decir, no va a ser algo que se sustancie en dos o tres tardes de encendidas soflamas y oscuros votos en el hemiciclo. Hay quien agita el fantasma de Hernández Mancha y su malhadada moción de censura contra el PSOE. Pero en tiempos de Hernández Mancha no existía Whatsapp, y el socialismo aún podía presumir plausiblemente de un tenue lazo con la clase trabajadora.

En cuanto a la propia moción de censura, sencillamente quedará claro dónde está cada uno, sin poder escudarse en discursitos más o menos campanudos de condena que acaban en vergonzosas rendiciones. Fuera máscaras.