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Los impresionistas y la fotografía en el Museo Thyssen

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Hace unos meses disfruté de una privilegiada vista al Sena, con la luz a media tarde, cerca de la terraza de toldos a rayas rojas y blancas del restaurante y museo Maison Fournaise, uno de los espacios claves para vivir en una obra de arte y el paisaje que la inspiró. En este caso una de las escenas más conocidas de Renoir, Le déjeuner des canotiers.

Gracias al Museo Thyssen y la exposición ‘Los impresionistas y la fotografía’ podemos volver a vivir esos paisajes y ese espíritu hasta el 26 de enero. Un plan muy  recomendable. A través de 66 óleos y más de 100 fotografías, -las fotografías proceden de la Biblioteca Nacional de Francia, el Museo J. Paul Getty de Los Ángeles, el Victoria & Albert de Londres, la Sociedad Francesa de la Fotografía o el Prado y las pinturas del Metropolitan de Nueva York, el Musée d’Orsay de París, el Marmottan Monet de París y la Fundación Beyeler de Basilea, así como de las colecciones privadas de Henry y Rose Pearlman y de la de Ann y Gordon Gett- comprobamos lo que supuso la aparición fotográfica para las corrientes pictóricas del siglo XIX, subrayando las afinidades e influencias entre los artistas de una y otra rama. Una magnífica ocasión, como decía anteriormente, para viajar a través de la obra y su paisaje. En el acto de presentación, presidido por el director del Museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana, la comisaria de la exposición, Paloma Alarcó; y la consejera de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid, Marta Rivera; se puso el foco en el carácter didáctico de la muestra “que busca influir en la mirada del espectador, para que observe de distinta manera las obras y sea capaz de identificar las influencias mutuas del impresionismo y la fotografía”.

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Momento efímero, el instante concreto

Los primeros fotógrafos no eran aceptados en la industria del arte, pero conforme fue pasando el tiempo, la fotografía dejó de estar asociada a una mera reproducción de la realidad y fue ganando credibilidad artística: “Todos los impresionistas nacieron cuando la fotografía ya existía y estaba cada vez más presente”, explicaba Alarcó, comisaria de la exposición y jefa de Conservación de Pintura Moderna del Museo Thyssen, y desgranando cómo en consecuencia de este nuevo modo de reproducción interiorizaron el concepto de momento efímero que desprendía la fotografía, que captaba un instante concreto.

La fotografía le valió al impresionismo no sólo como una fuente iconográfica sino también como una inspiración técnica, tanto en la observación de la luz o en la representación de un espacio en concreto como en la explotación de la espontaneidad: “En muchos cuadros expuestos se puede apreciar cómo los pintores usaban figuras en contrapicado o escenas incompletas que ayudan a dar una sensación de que el cuadro va más allá, como si fuese una fotografía”. La mayor parte de las imágenes, todas copias de época, están firmadas por Gustave Le Gray, Eugène Cuvelier, Henri Le Secq, Olympe Aguado, Charles Marville o Félix Nadar, confrontados con las pinturas de Édouard Manet, Edgar Degas, Camille Pissarro, Paul Cézanne, Alfred Sisley, Claude Monet, Marie Bracquemond, Pierre-Auguste Renoir y Berthe Morisot. La fotografía también lleva al impresionismo a “la selección de un fragmento de la realidad”, lo que, según Alarcó, lleva a una mirada selectiva con la toma de elementos fotográficos como los primeros planos. La reproductibilidad de la fotografía, que “inundaban todo a finales del siglo XIX, llevan a que estos pintores también realizasen series de sus propios cuadros, como las distintas representaciones de Monet de la catedral de Ruán en diferentes épocas del año.
Los pintores estaban obsesionados con mostrar el aquí y el ahora, eso les ciega a pintar de una forma muy rápida, lo que ahora a nosotros al ver sus cuadros, nos da una visión efímera”, apuntaba la comisaria.

La Naturaleza y el impresionismo

A su vez, “los fotógrafos empezaron a preocuparse por la materialidad de sus imágenes y buscar nuevas fórmulas para fotografiar con un efecto más pictórico que viene dado de la inspiración del impresionismo”. Los impresionistas tenían muy presente la naturaleza cambiante de la realidad, que a cada instante se modifica y se desvanece, por lo que la fotografía se mostró para ellos como una “victoria simbólica” de los hombres sobre la temporalidad. La muestra está dividida en capítulos temáticos: el bosque, el agua, figuras en el paisaje, en el campo, los monumentos, el retrato, el cuerpo y el archivo. En concreto, arranca con el bosque como argumento de fotografías que son casi más pinturas que las pinturas y se termina con lienzos a veces más fotográficos que las fotografías: “Amplios bosques, figuras en la naturaleza y los reflejos del agua comienzan un recorrido en el que constantemente se contraponen fotografías de la época, a veces referente del lienzo, que continúa con las vistas aéreas de ciudades e imponentes monumentos para culminar con el retrato y el desnudo. Se puede ver “El arroyo Brème” (1866) de Courbet, “El parque de los leones” (1872) de Corot o “La choza de los carboneros” (1855) de Rousseau; frente a las fotografías “Sendero en el bosque “(1850) y “Efecto niebla” (1855) de Cuvelier o “El camino a Chailly” (1849) de Le Gray”.

En este capítulo, Alarcó incidía en que los pintores aprendieron de los fotógrafos que era imposible representar el bosque en su inmensidad, por lo que había que hacerlo de forma fragmentada. “El objetivo de la cámara sólo capta un fragmento, por lo que los impresionistas buscan el momento exacto que quieren representar”, añade. En cuanto al apartado sobre el cuerpo, Alarcó explicó que los visitantes van a poder observar la obsesión que tenía Degas -uno de los impresionistas más fotográficos de la exposición- en captar a sus modelos desnudas en posturas casi antinaturales para mostrar las espaldas y el movimiento. “La danza se convirtió para él en el vehículo fundamental para estudiar los cuerpos en movimiento”.

Ya en el año 2010 pudimos disfrutar de algunas obras impresionistas de Renoir, Pissarro, Manet, Singer Sargent, Monet, Gauguin, Sisley, Cézanne, Morisot, Bonnard o Vincent van Gogh en la muestraJardines Impresionistas que trazaba el desarrollo de la pintura impresionista de jardines incluyendo, no sólo obras de todas las grandes figuras del Impresionismo, sino de sus precursores -Delacroix, Corot o Courbet- y de artistas posteriores, entre ellos Klimt o Sargent. Por lo que, como decía, la visita a esta exposición se convierte en una delicia. Con el gusto por el color, los efectos al aire libre y los temas de la vida moderna, los pintores impresionistas y sus seguidores nos recuerdan que los jardines -la naturaleza- siempre son fuente de inspiración y es una belleza volver la mirada hacia ellos.

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