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La insondable vileza de El País

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A todos nos gusta, supongo, que la realidad nos dé la razón pero, curiosamente, no es raro que nos sorprenda cuando sucede. Llevo muchos años registrando la vileza de El País y asombrándome de que se le considere como él mismo se juzga, diario de referencia, cuando ha sido el portavoz de una continua distorsión de la realidad y una incansable máquina de propaganda para un plan de ingeniería social que ha descoyuntado España.

Todo esto lo ha hecho con una pomposidad tan tediosa que ha logrado hacer pasar por objetividad durante la primera parte de su historia reciente. Pero, como hemos visto en Estados Unidos y en otros países de nuestro entorno, la llegada de Internet y, sobre todo, de las redes sociales le ha mojado la pólvora, incapaz de seguir vendiendo una mercancía averiada que cualquier espontáneo desenmascara a los pocos minutos.

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La reacción ha sido “más madera, es la guerra”, y en su desesperación se ha deshecho con de lastre de cualquier pretensión de informar de lo que hay para presentarse al desnudo como fabricante de relatos, como agresivo comisariado de propaganda. La sensación es tan horrible como la de una escena de terror en la que a la hermosa protagonista se le derritiera la máscara de cera que ha hecho pasar como su cara para revelar una calavera.

Vox es un fascismo muy raro. A Vox había que temerle porque con él llegaban la violencia callejera y las malas formas, y hasta el momento no ha hecho más que sufrir ambas. Es como si buena parte del espectro se hubiera dicho: “adelantémonos al imaginario fascismo de Vox siendo nosotros los fascistas”. La realidad está contradiciendo de modo tan frontal y evidente el relato, que ya no queda sino mentir a la desesperada.

La cabeza de lista de VOX al Congreso de los Diputados por Vizcaya, Nerea Alzola, ha sido agredida y amenazada por proetarras este jueves en la localidad vizcaína de Sestao. El País, obligado a registrar el hecho, lo cuenta así: “La candidata al Congreso del partido de extrema derecha relata que ha recibido puñetazos en el estómago y ha sido zarandeada”.

“Relata”. Es difícil ser más vil. Porque vulneraría su libro de estilo, pero si no hubieran puesto “va diciendo por ahí”. Entiendo que se desesperen cuando quienes pintan como agresores siguen siendo los agredidos, siempre, cada vez.

El periódico ya había dado la consigna en uno de sus más repugnantes editoriales, en el que pedía que no se tratase a Vox como un partido más. Es decir, abría la veda, con resultados previsibles. Vox es caza lícita, a por ellos. Es, queda claro, la única amenaza para el plácido consenso que nos ha traído hasta aquí.

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Lo último, repetido por todos los miñones del poder, es que Vox es responsable del ataque a un mena, al que le han hundido el cráneo, en Baracaldo. He leído en diversos comentarios en Twitter describir a los atacantes como “nazis” y, naturalmente, asegurar que reaccionan así a los mensajes antiinmigracionistas de Vox. Supongo que no les interesa añadir que los ‘nazis’ en cuestión son individuos de etnia gitana con motivaciones estrictamente personales y poco susceptibles de ser arrastrados por mensajes de ultraderecha.