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Julio Romero de Torres. Modernista. Sofisticado

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“Todas las mujeres que pintaba eran el mismo emblema, la feminidad andaluza o la españolidad femenina, criaturas embutidas en una línea oscura que las aísla y las empotra en el cuadro como en una hornacina religiosa, en eterna pose para un fotógrafo antiguo. Es pintura literaria, de emoción de noche teatral. Pintaba vividoras del amor, el poema de Córdoba, la musa gitana, la monja, la niña de la saeta, la Sibila de las Alpujarras. Recibía muchos encargos, de España y de América. Lo visitaba el rey en su estudio…”, explicaba Justo Navarro.

Siempre es una buena elección visitar Valencia pero si, además, te ofrece, como en esta ocasión, la oportunidad de contemplar de cerca la obra de Julio Romero de Torres el plan supera la perfección. La sede de Fundación Bancaja acoge hasta el 8 de diciembre ‘Julio Romero de Torres. Social, modernista y sofisticado’, una ambiciosa exposición monográfica sobre el pintor cordobés que recorre todas las etapas de este artista de marcada personalidad y grandes inquietudes que se codeó con lo más granado de la intelectualidad de la época como Ortega y Gasset, Benavente, Machado o Valle Inclán, entre otros. 

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La exposición es un recorrido cronológico y conceptual por la vida de uno de los artistas esenciales del cambio del siglo XIX al XX y que, además de contemplar su reconocidas obras, pretende romper los tópicos asociados a su figura y a su producción creativa. Más de medio centenar de piezas, provenientes de una veintena de colecciones públicas y privadas como el Congreso de los Diputados, la Junta de Andalucía, los museos de bellas artes de Castellón, Oviedo y Córdoba; las colecciones Pedro Masaveu; Fundación Santander, la colección Paco Peregrín, el Reina Sofía, el Museo Carmen Thyssen de Málaga o el propio museo Julio Romero de Torres de Córdoba ayudan a configurar un retrato que se inicia con sus obras de juventud, desde 1885 hasta 1897. Javier Pérez Rojas, comisario de la exposición, reiteró a los periodistas que asistimos a la presentación  una visión de su obra alejada del “tópico andaluz”, mostrando a un artista de gran sensibilidad y que supo profundizar en los estados de ánimo y las motivaciones psicológicas de los personajes representados: “Los prejuicios nacen de esa manipulación y utilización de su pintura. No podemos olvidar que Romero de Torres falleció en 1930, no conoce ni la República ni el Franquismo. Pero la representación en sus cuadros de la cultura hispánica y del folklore suscita esos tópicos”.

Efectivamente, el pintor es conocido como el artista que pintó a la mujer morena, a la andaluza agitanada de mirada directa, profunda y desbordante belleza. Por otra parte, con sus desnudos femeninos elevó la imagen de la mujer andaluza a la categoría de símbolo erótico. Todo esto podrá admirarse en profundidad ya que la muestra revisa las diferentes etapas del artista pasando primero por el postromanticismo, después por el estilo modernista y, por último, desde 1907 hasta su muerte en 1930, por un estilo personal e inconfundible: “Pese a ser considerado un pintor postromántico, ya a principios del XX, Romero de Torres abraza el estilo modernista. Cuadros como‘Mal de amores’, ‘A la amiga’ y el reconocido ‘Vividoras del amor’, retratando a un grupo de prostitutas, ejemplifican la nueva senda tomada por el andaluz”. Precisamente este cuadro fue censurado, tachado de inmoral, en la Exposición Universal de 1906 porque “reflejaba el escándalo y la provocación que acompañaron a Romero de Torres”. Asimismo, los responsables de la muestra explicaron que ‘Vividoras del amor’ aparece enfrentado a la obra El sátiro’, del valenciano Antonio Fillol –la inclusión de cuadros como el de Fillol aporta el valor a la exposición de poder contrastar la obra de Romero de Torres con la escuela valenciana, puesto que ambas fueron retiradas de la Exposición Nacional de 1906 por inmorales: “No hay rechazo al desnudo en la época, sino a determinados temas que denuncian la doble moral, cuestionando los fundamentos de la sociedad”, precisó el comisario. Julio Romero de Torres “fue muy popular”, insistía Pérez Rojas, de forma que tuvo “apasionados defensores y furibundos rechazos”. No hay que olvidar que fue un retratista muy demandado por la burguesía y los artistas de su época. Para los que quieran ahondar en este último apartado tienen el cuadro ‘Musa gitana’, el primer desnudo que fue premiado en España en una exposición nacional, y ‘Mujeres sobre mantón’, uno de sus lienzos que retrata, junto a otra morena, a una mujer rubia, semidesnuda, tumbada, con medias y zapatos de tacón, mirando fijamente al pintor.

La muestra se completa con una película sobre su vida dirigida por Julián Torremocha y una serie de fotografías históricas en las que recordaremos personajes como Pastora Imperio o la Niña de los Peines. Todo un homenaje a la mujer y el cante: “En su obra hay una sublimación del mundo regional pero también un tratamiento de lo femenino que hace necesario romper todos los encasillamientos que no reflejan al artista, así como una visión trágica de la vida y la fatalidad”, continuaba Pérez Rojas. El comisario subrayó, además,  que el pintor “pasó a elevar a la categoría de musa inspiradora esas imágenes de la mujer caída”.

En definitiva, una muestra que reivindica a Julio Romero de Torres como un “artista de enorme sensibilidad que supo expresar las tensiones psicológicas del ser humano así como la cuestión social”. Una pintura la de Romero de Torres de una elegancia y refinamiento tal que “incluso bordea la sofisticación y la extravagancia”.

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