YA NO CUELA

La gripe de Wuhan

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Más de una vez hemos hecho notar que las ideologías dominantes, impuestas coactivamente en nuestro tiempo en Occidente, son insensateces inviables que solo pueden sostenerse un tiempo en una sociedad opulenta marinada en un largo periodo de paz, caprichos de niño rico. Estamos patinando despreocupadamente sobre un estanque helado sin darnos cuenta de que la capa de hielo es más delgada de lo que pensamos y no va a durar eternamente.

La gripe de Wuhan -hay que ir buscándole un nombre más pegadizo que COVID-19- ya ha llegado a Europa. Por el tiempo de incubación asintomático, en el que un infectado no sabe que está enfermo y va contagiando alegremente a otras personas, es difícil saber cuántos llevan en su organismo el virus. Pero en Italia ya se ha cancelado el mundialmente famoso Carnaval de Venecia y las misas en las catedrales de Milán y Venecia tras localizarse 150 casos y producirse tres muertes.

No tengo la menor idea de si esta epidemia será tan seria como la gripe española o quedará en un mero susto como la gripe aviar, pero su mera sombra ya permite imaginar cuántas de las cosas que damos por supuestas, cuántas de la reivindicaciones que nos llevan a llenar las calles, cuántos de los avances ‘irrenunciables’, podrían evaporarse como el agua de un charco si el asunto va a mayores.