TRIBUNA

La próxima normalidad. Por Fulgencio Coll

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La sociedad española lleva en peligro mucho tiempo y el Covid-19 viene a refrendar un futuro muy incierto. Desde que la pandemia cayó como un rayo justiciero sobre nuestra sociedad, hemos sido agraciados con un sinfín de datos y declaraciones, tanto oficiales como en los medios, que transmiten limitada información y no preparan a la población para un incierto futuro.

Históricamente las pandemias han afectado las esencias de las sociedades. La Peste Negra, de 1347 al 51 mató a un tercio de la población europea, y la sociedad cambió de época acabando con la Edad Media. Otras más recientes también modificaron sustancialmente la realidad. El Covid-19 no tiene porqué ser menos y lo previsible es que sus efectos duren años debido, entre otras causas, por el alto nivel de conectividad humana y la consiguiente velocidad de los acontecimientos. Según expertos internacionales solventes las incipientes tendencias económicas, sociales y geopolíticas en curso se verán aceleradas.

Uno de los impactos más probables de esta situación será el rechazo social a aquellos gobiernos y figuras políticas encargados de gestionar la nueva realidad y que se perciban como inoperantes o que no estén preparados para ello.

La base de las percepciones políticas es que las naciones progresan y aumentan su cohesión en la creencia que sus instituciones preverán los desafíos a su seguridad y actuarán en consecuencia. En el caso del epílogo de la infección en España es muy probable que muchas instituciones se percibirán como fracasadas. En los países desarrollados es más fácil comparar la eficiencia entre ellos y los rezagados se preguntarán el porqué. De esta manera puede llegar a ponerse en duda la propia esencia de la estructura social y base socioeconómica. España es el ejemplo.

Cuando se analicen las causas de la baja eficiencia en el tratamiento de la pandemia, saldrán a relucir las causas y es muy probable que respondan a debilidades estructurales de la sociedad o de su sistema político. ¿Por qué en Alemania se han producido un bajo porcentaje de muertes en comparación con España? Es muy probable que el efecto español sea el resultado de una sociedad administrativamente mal conformada que provoca poca confianza en sus instituciones y en la información que proporcionan.

Es chocante contemplar como la clase dirigente española se afana en mirar hacia atrás ante el reto ingente que yace adelante. Es simplemente suicida mantener modelos inviables en tiempo de normalidad, con pretensiones de que sean eficaces en la próxima anormalidad. En estos momentos, la labor de un líder político es gestionar la crisis a la vez de buscar nuevas soluciones para un futuro completamente nuevo y, en gran medida, impredecible.

A los efectos propios de la pandemia no se pueden añadir aventuras partidistas, torpes y arriesgadas. Hasta ahora, a nivel mundial, las reacciones a la pandemia han sido estatales, las multilaterales son, en el mejor de los casos proyectos. La pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de un “gobierno fuerte”, no en el sentido de poderoso o autoritario, sino en la eficiencia, con servicios de salud eficaces, funcionariado competente y financias saneadas. La existencia de un Gobierno eficiente puede ser la diferencia entre la supervivencia o la tragedia.

Por más que se maree la perdiz no cabe otra solución que llevar a cabo actuaciones que cohesionen a la sociedad española y lo primero es exponerle la realidad de la situación. No vale el no querer alarmar, nadie tiene el poder de tutorizar temores. El contrato social está para las duras y las maduras, la necesidad de adaptaciones o modificaciones hay que exponérselas claramente a la ciudadanía.

La famosa “nueva normalidad” no es probable que pueda gestionarse desde la “presente anormalidad”. Lo arcaico puede estar o no en la sociedad, pero vemos que reside en la política. No es la hora del prestidigitador, es la hora de la solidaridad y el ejemplo. Es necesario que los encargados de la Seguridad Nacional, en todos su grados y aspectos, respondan de la ausencia de gestión de la pandemia y de sus consecuencias. Se basará en el cumplimiento del contrato social.

 

Artículo escrito por Fulgencio Coll Bucher.