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Las que tienen que servir

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Como los anticuerpos, como los buenos arsenales, los escándalos verdaderamente perjudiciales que se manejan en la vida política deben estar específicamente adaptados al objetivo contra el que se dirigen. Así, una misma revelación que sería devastadora contra el partido A puede resultar inocua contra el partido B, y viceversa.

Pensaba en ello leyendo sobre la escolta que ha denunciado a Unidas Podemos de despido improcedente, y recordando que, en cuanto a informaciones publicadas, lo que más daño ha hecho a la formación morada ha sido una acción perfectamente legal -por lo que sabemos- e incluso sensata y deseable por la mayoría como es comprarse una bonita casa en Galapagar.

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No es que hayan faltado en el panorama de actualidad andanadas de calibre más o menos grueso contra los podemitas; es, sencillamente, que no les afectan porque su base electoral no les da mayor importancia. Ese “la azotaría hasta hacerla sangrar” que se filtró de un mensaje privado de Iglesias, creo que dirigido a Monedero, hubiera supuesto la inmediata muerte política de cualquier candidato del espectro, pero a Pablo le dejó incólume. Todas sus amistades peligrosas con el desastroso régimen chavista o con el integrista Irán, las razonables sospechas de financiación procedentes de esas mismas fuentes, nada de esto importa un rábano a los votantes de Podemos, cuando hubieran dinamitado las posibilidades electorales de cualquier otro partido.

En cambio, algo tan normal, diría que universal, como el deseo de dar la mejor vida posible a tus hijos por medios legales -la compra del chalet-, algo que en un candidato del PP se hubiera ignorado o sería mero material de la prensa del corazón, le ha afectado tanto como para haber propiciado la más ridícula ‘consulta a las bases’ que ha debido darse jamás en democracia.

Y, ahora, lo de la escolta. Si lo que alega la trabajadora despedida es cierto en todos sus extremos -y precipitarse a creerla, sin más, me parece bastante estúpido y sesgado-, estaríamos ante una situación que, si bien no perfectamente ajustada a la norma, sí resulta estadísticamente normal. No nos hagamos ahora los tontos, fingiendo que nunca hemos visto situaciones parecidas a nuestro alrededor sin que suscite otra cosa que cotilleo crítico, sin consecuencias legales la mayoría de las veces y, desde luego, sin gran escándalo. Es decir, que incluso si es cierto lo que se alega e incluso si no es estrictamente legal, no parece exactamente el Expediente Picasso.

Pero sabemos, sabe la publicación que se ha hecho eco de la demanda, que una información así es potencialmente más dañina para los de morado que todos los abrazos con tiranos de este mundo.

Y es esto lo que más miedo me da de Unidas Podemos: las informaciones que les hacen daño y las que no. ¿Qué clase de grupo político sobrevive a conexiones con tiranos y pierde votos cuando su líder se compra una buena casa de forma legal; cuando disculparse por ‘no partirle la cara a los fachas’ da votos y la mera sospecha de haber mandado a la escolta a comprar potitos es potencialmente dañina en las urnas?

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