YA NO CUELA

Libertad de prensa

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Ha dicho el Rey que la libertad de prensa es el oxígeno que vivifica las democracias, y aquellos de mis colegas que aún no se han resignado -o lanzado entusiastas- a sestear al sol que más calienta han recibido estas palabras con alivio.

Siento ser un cenizo, de verdad, lo siento. Pero todo esto me deja frío, y no solo porque Su Majestad no está precisamente en la mejor posición posible para hacer que sus palabras vayan más allá de la retórica de un discurso escrito por sabe Dios quién, o porque tampoco parece que la influencia de la Corona tenga peso alguno en las decisiones que se toman desde el poder, como podemos observar en decenas de casos.

No, es sencillamente que nadie se va a oponer a la ‘libertad de prensa’, todo lo contrario. Esta es la genialidad del totalitarismo de nuestro siglo, que nunca se opone a lo que suena bien, a lo que el pueblo está adiestrado a venerar. El tirano del pasado, para reprimir la crítica a su régimen, creaba una oficina de censura, así, con ese nombre, con una ingenuidad que hoy nos parece casi entrañable. Pero el tirano de hoy aplaude la libertad de prensa, pero ocupándose de definirla.

Hoy no hay algo tan viril y honesto como una oficina de censura, como el cargo de censor. Hoy se combaten las ‘fake news’ y la ‘incitación al odio’, cosas muy feas.

Un Iglesias podría decir amén a las palabras del Rey, añadiendo que si la libertad de prensa es el oxígeno, las falsas noticias y las ‘opiniones odiosas’ son gases tóxicos que contaminan ese oxígeno. Y ya solo queda definir la veracidad de las noticias conforme desee el Gobierno.