Lo insostenible

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Leo en una entrevista a los acampados en plena Gran Vía de Barcelona en la que uno de estos peleles del ‘procés’ señala que ellos son pacíficos, pero que “se tienen que defender”, y he recordado que el verdadero poder empieza siempre en el diccionario.

Hay que retorcer las palabras, darles una buena paliza hasta que digan lo que quieres que digan, y que así, digamos, todo sea terrorismo salvo el terrorismo, que es, por ejemplo, “una estrategia interesante” o, como en este caso, mera ‘defensa propia’.

Uno no quiere mirar en el espejo y ver a un vándalo malcriado dispuesto a imponer al resto su visión por la fuerza, la coacción y el miedo, sobre todo en estos tiempos en los que ser víctima es tener razón. Así que prefieren, con ayuda de unos medios serviles, pintar ese botellón televisado, ese Woodstock ridículo, ese infantil “a tapar la calle, que no pase nadie”, como un heroico sacrificio para defenderse de la ‘ofensiva judicial’. Porque los Jordis están en la cárcel “por poner urnas”, como repite Rufián hasta que cuele.

Y va colando. Cada vez es más frecuente, como una rendición, oír y aceptar ese extraño pareado, “Cataluña y España”, que el propio gobierno español fomenta con sus diálogos de besugo.

Va colando, va calando. Una situación insostenible y absurda, como el debate de anoche, debate en una televisión que lleva décadas vendiendo que Cataluña no es España, con candidatos que aseguran que Cataluña no es España, para influir en unas elecciones que decidirán el Parlamento español.