YA NO CUELA

Los cuatro universos de Isabel Díaz Ayuso

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He aprovechado el fin de semana para visitar universos paralelos. Solo tres, en realidad, para despejar una duda sobre Madrid en la pandemia.

Primero tenemos este, en el que Ayuso ha confinado parcial y selectivamente los barrios con más contagios por población, que no casualmente son los más pobres. Conocemos la reacción de la omnímoda izquierda, ¿verdad? No es como si esta gente fuera discreta a la hora de expresar sus opiniones: la presidente madrileña, por ser de derechas, odia con encendida pasión al proletariado, y por eso los ha encerrado como animales en un gueto infamante.

Bien, en el primer universo paralelo que he visitado sucedía al contrario: queriendo congraciarse con la izquierda -que es el oculto anhelo de todo ‘pepero’-, Ayuso hace exactamente lo contrario y confina a los vecinos de Retiro, El Viso, La Moraleja, Chamberí, Barrio de Salamanca y Somosaguas. La reacción de los medios oficiales es que Ayuso deja morir a los pobres y asegura la salud de los ricos.

En el segundo, Ayuso aplica el confinamiento a toda la comunidad, demostrando sus evidentes inclinaciones fascistas, su deseo de arruinar a Madrid y, por contra, la sabiduría del Gobierno que ha dejado en libertad a las comunidades autónomas -tanto por confianza en el modelo como por su puro amor a la libertad- y ha desenmascarado así los impulsos totalitarios de Ayuso.

Por último, en el tercer universo Ayuso no hace nada de todo esto, no encierra ni a ricos ni a pobres, demostrando la incompetencia de su gobierno, que ante la gravedad de una crisis sanitaria es incapaz de hacer nada.

Con todo esto no quiero en absoluto significar que Ayuso lo ha hecho bien. No lo creo, de hecho. Pero la histriónica reacción contra sus medidas solo demuestra que, como los réprobos en el esquema calvinista, los que disienten tibiamente de la izquierda en el poder no pueden hacer nada bien, porque no es el qué, es el quién, siempre.