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Los Machado en el Instituto Cervantes

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“Con este poeta, además, lo he tenido particularmente difícil: mi madre me leía sus versos desde que era niño y mi padre me los recitaba, con su prodigiosa memoria para la poesía, lo cual me llevó a darlo por sabido o consabido, a no oírlo cuando lo oía y a no leerlo de veras cuando lo leía. Aún me hicieron hastiarme más las versiones “musicadas” (qué palabra penosa) de Serrat y otros cantautores, y cuando el antaño influyente Alfonso Guerra lo exhibió como poco menos que el “poeta oficial”, santo cielo, empecé a cogerle manía a quien es sin duda no ya uno de los mejores, sino quizá también, como personaje, el que más conmueve. Con estas cosas tan gastadas como excelentes, no obstante, por suerte, se produce el reencuentro alguna vez”. Estas palabras son de Javier Marías. Coincido con Marías, de repente algo te reconcilia plenamente con Machado, “cuyos versos consigo leer de nuevo desprovistos de tanto manoseo y manipulación”. 

Una buena ocasión para seguir amando a Machado o reconciliándote con él es acudir al Instituto Cervantes de Madrid que acoge hasta el próximo 9 de febrero la exposición ‘Los Machado’ con fondos de la Colección Fundación Unicaja. ¿Qué encontrarán allí? Documentos y textos de los dos hermanos escritores, Antonio y Manuel, entre ellos la primera y la última carta del puño y letra del autor de ‘Campos de Castilla’.

Respecto a las cartas: por un lado, una misiva de Antonio Machado dirigida a su padre en el verano de 1882 cuando éste se encontraba en San Juan de Puerto Rico. La novedad de esta muestra es la inclusión del borrador de la carta de Antonio a Luis Álvarez Santullano escrito en Collioure en febrero de 1939. En el texto, Machado habla por un lado de su débil estado de salud, tras el exilio forzado a consecuencia de la Guerra Civil. Además, apunta en la carta a una posible salida a la Unión Soviética, quizás con remuneración, algo que descarta entonces para seguir en la localidad francesa. “No he podido contestar antes a su interesante carta porque a mis ya viejos achaques ha venido a sumarse un funesto catarro bronquial, que -aunque mejorado-, me tiene bastante fastidiado. De acuerdo con sus atinadísimas observaciones, en efecto creo que el asunto de URSS de momento quizás debe ser aplazado y, sobre todo, si se puede resistir aquí el tiempo que tarde en vislumbrarse un porvenir”, señala en su borrador.

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Estos dos documentos son parte del fondo de la Fundación Unicaja, que cuenta con más de 5.300 piezas ‘machadianas’, tal y como explicó el presidente de la institución, Braulio Medel. Una primera adquisición se hizo en el año 2003, con un total de 770 ejemplares documentales, lo que se completó en 2018 con 4.570 documentos más. Asimismo, entre los documentos de la muestra se pueden encontrar fotografías, cartas inéditas, libros, libretos y manuscritos originales de teatro, así como libretas de escritura, un audiovisual, dos pantallas táctiles y otros objetos como una cartera, un pasaporte y dos bustos, todo ello dividido en ocho zonas. Por ejemplo, se exponen cuatro actos casi completos de la obra de teatro ‘La diosa razón’, pieza escrita a dos manos por Antonio y Manuel sobre la Revolución Francesa que nunca llegó a subirse a escena y de la que se ha anunciado la publicación futura de una edición diplomática. Como decía Juan Ignacio García Garzón: “Sin duda, la aparición de una obra inédita es un acontecimiento importante en la lengua española que merece la pena dar a conocer”.

Por supuesto, podrán admirar la primera página de un borrador de Antonio Machado para su discurso de ingreso en la RAE, que nunca llegó a leer. Les recuerdo un fragmento que en pocas líneas dice todo: “No soy humanista, ni filólogo, ni erudito. Ando muy flojo en latín porque me lo hizo aborrecer un mal maestro. Estudié el griego con amor, por ansia de leer a Platón, pero tardíamente y tal vez por ello con escaso aprovechamiento. Pobres son mis letras en suma pues, aunque he leído mucho, mi memoria es débil y he retenido muy poco. Si algo estudié con ahínco fue más de filosofía que de amena literatura. Y os confieso que con excepción de algunos poetas, las bellas letras nunca me apasionaron. Quiero deciros más: soy poco sensible a los primeros de la forma, a la pulcritud y la pulidez del lenguaje”. Recuerden que Machado fue elegido académico en marzo de 1927, pero hasta dos años más tarde no se puso a redactar estas palabras. Un emocionante texto que quedó definitivamente guardado en un cajón en 1931.

Inevitablemente, viene a mi memoria el texto que en 1977 Ángel González pronunció en su discurso de entrada. Con estas palabras quiso homenajear a Antonio Machado. Machado es elegido académico de la Lengua el mismo año en que muere el padre de Ángel González, un niño de apenas unos meses. La guerra “exilia” al pequeño Ángel y a Antonio Machado. Collioure, el pequeño pueblo mediterráneo francés, sería su última estación. De ahí proviene ese recuerdo permanente a través de “estos días azules y este sol de la infancia”, los dos últimos versos del poeta, encontrados en un pequeño papel manuscrito en el bolsillo de su chaqueta, tras su muerte en 1939. Se sabe que Ángel González visitaba con frecuencia la tumba de Antonio Machado en Collioure.

Para finalizar, encontrarán también la carta de pésame de la Hispanic Society enviada a Manuel tras la muerte de Antonio. Pero sobre todo, en la muestra está presente “el amor fraternal entre ambos”, contaban los responsables de la muestra, “que no se rompió ni siquiera tras la separación forzada por la Guerra Civil. Según Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, “es una exposición en la que se simboliza una manera de entender España hacia el entendimiento y la conciliación, alejándose de la crispación y el enfrentamiento. De lo que no cabe duda es del verdadero amor y calidad humana que ambos desprendieron en su tratamiento fraternal”, reiteró. Además de la exposición, el Cervantes ha presentado también el ‘Buzón de los Machado’, en el que introducirá tres arquetas con tierra procedente de los cementerios de tres ciudades que marcaron su vida: Sevilla, Madrid y Collioure. Este buzón, en la Caja de las Letras, cuenta con una ranura por la que los visitantes podrán introducir mensajes que les habría gustado compartir con los hermanos.

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