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Los tres dilemas OTAN en la nueva era

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Por el GD (r) Jesús Argumosa Pila (Asociación Española de Militares Escritores.

Los 29 Jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza Atlántica celebrarán una reunión en Londres el 3 y el  4 de diciembre. Al ser solo una “reunión” y no una cumbre formal indica que existe una gran preocupación en la OTAN por la incierta, impredecible y volátil situación del actual y previsible sistema de seguridad euroatlántico y mundial.

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Con independencia de la postura ambigua sobre la Alianza Atlántica del presidente estadounidense, Donald Trump, desde que llegó a la Casa Blanca, las declaraciones del presidente francés, Emmanuel Macron, hechas en una entrevista con The Economist apenas un mes antes de la prevista reunión y en los prolegómenos del 30º aniversario de la caída del muro de Berlín, pone en cuestión a la OTAN, pilar de las relaciones transatlánticas desde el final de la IIGM.

En efecto, en dicha entrevista Macron manifiesta que la Alianza se encuentra en muerte cerebral especialmente a raíz de la retirada unilateral, por parte de Estados Unidos, de sus tropas en el norte de Siria, efectuada sin contar en ningún momento con los aliados en una zona en la que los intereses europeos y atlánticos están en juego. En concreto, señala textualmente que “no hay ningún tipo de coordinación en la toma de decisiones de Estados Unidos y de sus aliados en la OTAN”.

Añadió Macron la desconfianza existente en la OTAN hacia un aliado, Turquía, que está adoptando una actitud agresiva y no coordinada con los otros miembros de la Alianza. Pocos días después, la canciller alemana, Ángela Merkel, señalaba que ella tenía otra visión de la cooperación en el seno de la Alianza y que, desde la perspectiva alemana, la OTAN era de máximo interés.

Para terminar con este cruce de discrepancias entre miembros de la Alianza, el pasado 13 de noviembre, Trump recibió en la Casa Blanca a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogán. Ambos líderes lamentaron las declaraciones de Macron especialmente Erdogán en todo lo relacionado con el compromiso con la OTAN.

Análisis 

Es evidente que estamos en un cambio de era. A nadie se le escapa que la OTAN está pasando por unos momentos difíciles no solo por estas discrepancias entre algunos de sus miembros sino también debido a la falta de acuerdo en temas tales como compartir la carga, aumentar la disponibilidad de las fuerzas, las relaciones con Rusia y China, el pacto nuclear con Irán, el conflicto de Afganistán, el cambio climático, el equilibrio del esfuerzo orientado al Este y el prestado al Sur o la adaptación de la Alianza a las nuevas tecnologías. A continuación, voy a tratar solamente aquellos que considero más relevantes.

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En cuanto al reparto de cargas y a pesar de que desde 2014 – en la Cumbre de Gales de dicho año los aliados se comprometieron a gastar en defensa el 2% del PIB – los aliados europeos y Canadá han incrementado en 100.000 millones de dólares sus gastos de defensa – en particular Alemania ha aumentado su presupuesto de defensa para alcanzar el 1,5% del PIB en 2024 frente al 1,36% de 2019 – no será suficiente para calmar la queja estadounidense puesto que está lejos de lo acordado en Gales.

En referencia a la disponibilidad, en la Cumbre de Bruselas de julio de 2018, para fortalecer la disuasión y la defensa y ante la necesidad de combatir las nuevas amenazas transnacionales como el terrorismo global, la desinformación o los ataques cibernéticos o híbridos, se decidió establecer dos (2) nuevos centros de mando en Virginia (EEEUU) y en Ulm (Alemania) y se aprobó la puesta en marcha en 2020 de las fuerzas de despliegue inmediato disponibles para hacer frente a las amenazas de posibles escenarios de defensa colectiva, encuadradas en la Iniciativa de Disponibilidad de la OTAN conocida como los “cuatro treinta”: disponer para el año 2020 de 30 batallones mecanizados, 30 buques de guerra y 30 escuadrones aéreos listos para actuar en un plazo de 30 días. En Londres habrá que comprobar el estado de la disponibilidad de estas fuerzas.

En relación con Rusia es preciso mantener la postura de firmeza, por parte de la OTAN, respecto a la situación creada en el Este de Europa tras la anexión ilegal rusa de Crimea y su apoyo político y militar a los separatistas ucranianos. Lo más lógico y razonable consiste en que se cumplimenten los Acuerdos de Minsk 2015 respetando la ley y el derecho internacional. Mientras no se solucione esta gran disyuntiva geopolítica se debe seguir imponiendo las sanciones correspondientes. No obstante, hay dudas entre los aliados ante estas sanciones. Washington y París ya lo han manifestado.

Es evidente que la próxima OTAN debe prepararse para un mundo sin Tratado INF. La decisión que debe tomar la Alianza en este asunto estará muy relacionada con la probable negociación de un nuevo Acuerdo Nuclear entre Estados Unidos y Europa para defender a ésta última ante la amenaza de los nuevos misiles nucleares rusos que puede alcanzar ciudades europeas en cuestión de minutos. ¿No se sabe hasta qué punto estará dispuesto EEUU a proporcionar esta protección a la Unión Europea?  

No hay duda de que, a corto plazo, la amenaza es Rusia pero a medio plazo la gran potencia mundial será China. Ante esta previsible situación caben dos opciones. La primera consistiría en iniciar, por parte de la OTAN, relaciones políticas y diplomáticas con el país de la Gran Muralla al mismo tiempo que estrecha sus compromisos con países asiáticos entre los que se encuentran Japón, India, Corea del Sur y Australia.

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La segunda opción a considerar – parece la más probable – debiera ser dejar que las relaciones políticas y diplomáticas con China sea un asunto de Estados Unidos ya que ambos actores son los grandes rivales globales que van a marcar el futuro de la geopolítica internacional durante gran parte de este siglo en el que China, con gran probabilidad, puede conformar – junto con Rusia – la llamada tierra-corazón  de Mackinder que ocuparía una amplia zona eurasiática donde cuenta con la Nueva Ruta de la Seda – Belt and Road Initiative (BRI) – como su principal vector geoestratégico.   

A modo de conclusiones

En virtud de lo expuesto, y partiendo de la premisa de la reunión de Londres pondrá a prueba la unidad y cohesión de la Alianza, tres son los principales dilemas que se le presentan a la Alianza el 3 y 4 de diciembre. El primero, consolidar o no el reparto de cargas junto con el estado de disponibilidad de fuerzas de la Alianza. Hay que admitir que los países europeos no tienen un plan B para la seguridad y defensa de Europa. El segundo, tratar solo con su tradicional rival, Rusia o hacer frente también a las aspiraciones estratégicas del dragón amarillo. Por último, el tercero, vertebrar o no un nuevo acuerdo nuclear con Estados Unidos en orden a disponer de la protección estadounidense en este ámbito frente a Rusia. 

Como ha dicho el Secretario General de la Alianza, Jens Stoltenber, “cualquier intento de distanciar Europa de Estados Unidos corre el riesgo de debilitar la Alianza y el vínculo transatlántico, pero también de dividir Europa. Por eso, tenemos que mantenernos unidos”. No existe alternativa, es preciso continuar fortaleciendo la unión y la cohesión transatlántica.