Los Ungidos

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La superioridad moral de la izquierda, esa asombrosa confianza que les permite, no sé, nombrar número dos de un partido a la favorita del líder o hacerla ministra, o nombrar fiscal general del Estado a una ex ministra particularmente sectaria, no debería asombrarnos, porque si existe se debe en parte a que la derechita cree en ella o actúa como si lo hiciese.

Una de las causas más obvias y menos recordadas de todo esto es que la derecha no ha perdido la guerra cultural, sino que se ha negado a darla. Ha perdido por incomparecencia, no se ha presentado siquiera al campo de batalla.

La derechita, que es la única derecha real, con posibilidades, que hemos tenido en décadas, ha resultado en un sentido más marxista que los rojos, en el sentido de pensar que la economía lo es todo y de ella depende todo, cuando s más bien al contrario. La derecha nacional, la que ha pasado todo este tiempo por derecha, la única, lo fía todo en una administración prudente, y no tiene reparo en confiar las ideas a la izquierda. De hecho, ha aceptado sin lucha todas las que le han venido del bando de la izquierda. Digamos que, en el reparto de poder con la izquierda, la derecha elige Interior y Economía, mientras que la izquierda se queda con Cultura y Educación.

Así, no es que gane la izquierda, es que solo puede ganar la izquiera. Ella impone qué es bueno y qué es malo, qué se debe aceptar y qué hay que rechazar y cómo son y han sido las cosas. Eso es lo único importante porque, ¿qué importa que la derechita esté ocasionalmente a los mandos, si va a gobernar a nuestro gusto, con nuestras ideas, con nuestros planes? Es como si la izquierda tuviese una fábrica de votantes que sigue funcionando a todo gas cuando ‘gobierna’ la derecha.