YA NO CUELA

Mangas y capirotes

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El gran dilema de la política es si un país va a ser gobernado por leyes o por la voluntad de un hombre. En Europa optamos, por lo general, por lo primero, y aunque cada uno de los dos sistemas tiene sus ventajas y sus inconvenientes, el peor de los mundos posibles es que en la forma sean las leyes las que gobiernen y en el fondo sea el capricho del gobernante, porque el resultado será la mentira y una tiranía amparada falsamente en leyes de las que el líder hace mangas y capirotes.

Torra ha apelado al Supremo su inhabilitación, el Supremo le ha dicho que nanay, y Torra ha dicho que se pasa la sentencia por el arco del triunfo. Eso puede resultar anómalo, pero no tan monstruoso como que el propio gobierno de la nación apoye al rebelde en su desacato.

Sánchez también va a cambiar una ley tan fundamental para cualquier Estado como es el Código Penal para favorecer a una sola persona, apoyo fundamental de su gobierno. Y el ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, se reunió en secreto en el aeropuerto de Barajas, en plena madrugada del pasado lunes, con la vicepresidenta del Gobierno de Maduro, Delcy Rodríguez, contra la decisión explícita de todos los países de la Unión Europea, y tampoco pasa nada.

Porque el gobierno de las leyes tiene ese pequeño inconveniente, y es que exige una ciudadanía vigilante y unos contrapoderes fuertes e independientes. No es el caso. Vivimos en una sociedad amuermada y zombi y bajo una división de poderes con más trampas que una película de chinos, una situación que solo estaba esperando una narcisista de la talla de Pedro Sánchez para que se revelaran de golpe todas las costuras.