Nos gobiernan nuestros enemigos

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Estoy cansado del asunto catalán. Estoy harto, hasta la náusea, de que siga existiendo un ‘contencioso catalán’, y que nuestra clase política lo ordeñe con un cinismo que estremece.

Es una paradoja cómo, en un régimen en el que el pueblo elige a sus gobernantes cada cuatro años (o cada año, según), acabemos gobernados por gente que nos desprecia, por nuestros enemigos.

Es triste de ver. Es desesperante la impotencia, contemplar cómo desde un trozo de España se nos insulta a todos, se conspira abiertamente contra todos, sin que eso derribe fulminantemente gobiernos ni lleve a medidas de urgencia, por pura vergüenza.

Al contrario, se deja que todo continúe, que todo se pudra y se agrave, ni contigo ni sin ti, haciendo que cada día nos hagamos a ese bochorno, que nos acostumbremos a que en Cataluña no hay Estado, pero sin decirlo, una situación de hecho que es más cobarde e hipócrita que una cesión de derecho. Es como el villano que está dispuesto a cometer cualquier infamia con tal de no tener que darle su nombre verdadero.

Y la gente les votará, les seguirá votando, eligiendo a sus enemigos.