Una mirada a Europa

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España tiene con Europa una relación que roza el servilismo. Compararnos con Europa para mal ha sido nuestro modo favorito de fustigarnos en ese despliegue de masoquismo que ha sido nuestra historia reciente y no hay en la Unión Europea país más entusiasta del invento ni más dócil a lo que nos llegue de Bruselas.

Siglos de decirnos que no pertenecíamos nos ha provocado una mentalidad de voluntarios rehenes deseosos de congraciarnos con nuestro secuestrador, y es así que uno puede estar seguro de que las tendencias políticas que se den en el corazón del continente acabarán cuajando en nuestra tierra. Solo que con algunos años de retraso, como esas modas de París que se acababan imponiendo en España cuando ya las había desechado Francia.

Y lo que se lleva ahora puede resumirse en dos tendencias: la disolución del consenso bipartidista clásico de posguerra (para entendernos, los PP y PSOE de aquellos lares) en favor de partidos de nuevo cuño, muy especialmente los soberanistas; y la acelerada desaparición de los partidos socialistas de toda la vida.

Hemos tenido dos elecciones que, por regionales, han pasado casi desapercibidas en nuestros medios, pero que resultan muy significativas porque marcan una tendencia más clara que la de cualquier encuesta más o menos cocinada.

La coalición liderada por la Liga de Matteo Salvini ha obtenido un 60% del voto en la región italiana de Umbría. Lo que convierte en verdaderamente histórica esta victoria es el hecho de que la región lleva más de medios siglo siendo un feudo y bastión de la izquierda italiana.

Mientras, en el estado federal alemán de Turingia, el SPD, que se ha pasado la posguerra turnándose con la CDU el gobierno del país, no es que haya perdido, es que prácticamente ha desaparecido, con solo un 8% del voto. Casi más espectacular, la CDU de Merkel, que ha dominado este ‘Land’ desde la reunificación de Alemania, ha perdido incluso el segundo puesto a manos de los temidos soberanistas de Alternativa para Alemania (AfD), que han duplicado sus votos con respecto a las últimas elecciones regionales.

Combatidos ferozmente por los grandes medios, los partidos soberanistas no paran de crecer en Europa, lo que cada día hace más ridículo tacharles de ‘extremos’.