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Para ser franco, mejor el oro que la exhumación

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No es memoria histórica, es odio socialista en 2019 hacia quien truncó los planes del PSOE en 1934 y en 1936. El objetivo del Partido Socialista Obrero Español en aquella época era liquidar la II República, acabar con la democracia, y sustituirla por una dictadura marxista leninista como la que ya imperaba en la URSS de Stalin. Esto podrá gustar más o menos a los socialistas españoles actuales y a la progresía en general, pero así fue y así hay que recordarlo. El PSOE lo intentó con el golpe de estado de octubre de 1934, pero tanto el presidente de la II República como el presidente del Gobierno, los republicanos Niceto Alcalá Zamora y Alejandro Lerroux (este último también ministro de Guerra), encomendaron al General de División Francisco Franco el aplastamiento del golpe de estado socialista. El General de División, máximo nivel en el escalafón militar de aquella época pues en la II República se suprimió el empleo de Teniente General, fue eficiente y abortó el bastardo intento del PSOE; la II República pudo continuar porque Franco evitó que la izquierda se la cargara. Los socialistas lo volvieron a intentar en 1936 con una estrategia menos puntual, comenzando por acceder al poder de manera fraudulenta en febrero, manipulando los resultados electorales. Francisco Largo Caballero, líder del PSOE, en la campaña de las elecciones generales dijo: “La clase obrera debe adueñarse del poder político convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución.” Este insigne dirigente del PSOE estuvo detrás de la brutal desestabilización que perseguían los cientos de asesinatos cometidos por el Frente Popular en la primavera de 1936. 

El fin de la democracia que ideaba Largo Caballero, y el Frente Popular, estaba apoyado por Stalin y, de no haber sido por el alzamiento militar del 18 de julio, la dictadura del proletariado hubiera tardado muy poco tiempo en implantarse en España. Realmente, la Guerra Civil tuvo su prolegómeno con el pucherazo de la izquierda de las generales de febrero de 1936 y la ocupación fraudulenta del poder por el Frente Popular, liderado todo ello por el PSOE. La democracia ya estaba destruida por la izquierda mucho antes del 18 de julio, por tanto, la Guerra Civil fue una pugna entre dos posibilidades de dictadura. Y entre esas dos posibilidades, indudablemente fue mucho mejor la que protagonizó aquel General que ya en 1934 había salvado la democracia, porque aquel militar implementó unas verdaderas políticas socialistas que desarrollaron los derechos de los trabajadores, exactamente al contrario que ocurrió en la URSS de Stalin.

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El PSOE de Francisco Largo Caballero estaba en deuda con Stalin y se preveía que lo fuera a estar mucho más a cuenta de la confrontación bélica ya en marcha. El firme apoyo soviético, a quienes estarían bajo el mandato del Politburó de Moscú si ganaran la contienda española, se afrontó con el oro del Banco de España, patrimonio de todos los españoles. Y esa decisión la tomó Largo Caballero poniendo como marioneta a Juan Negrín. El desfalco de la cuarta reserva de oro más grande del mundo, la española, comenzó la madrugada del 14 de septiembre de 1936, siendo presidente del Gobierno y ministro de Guerra Largo Caballero, ministro de Hacienda Juan Negrín y ministro de Marina Indalecio Prieto, ¡vaya tres golfos! En la autoría de este histórico desastre están conjuntamente el PSOE y el Gobierno de España. Es más, el periplo desde Madrid hasta Cartagena fue custodiado por la Brigada Motorizada del PSOE. De ahí al puerto de Odesa, llegando a Moscú el 5 de noviembre. Es necesario hacer mención a las cajas que fueron desapareciendo por el camino, que solo en lo que respecta a la diferencia entre las contabilizadas por el jefe del Tesoro, Francisco Méndez Aspe, y hombre de confianza de Negrín, y las contabilizadas por el director del NKVD, Alexander Orlov, fue de 100 cajas, pesando cada una de ellas 75 kg, de oro.  Después de la guerra civil, en la Banque Commerciale de l’Europe du Nord existían un total de 1.896 millones de francos a nombre de colegas, familiares y agentes de Juan Negrín. Los altos dirigentes socialistas de 1936 son los más grandes comisionistas de la Historia de España, grandes maestros de lo que hoy vemos.

Más de ochenta años después, viene el PSOE con su maldita Ley de Memoria Histórica a versionar lo que le conviene, a maquillar sus asesinatos e indignidades y a ocultar sus robos. Francisco Franco reventó los bastardos sueños marxistas y antidemocráticos de Pablo Iglesias Posse y machacó los inminentes planes autárquicos de Stalin, Francisco Largo Caballero, Juan Negrín y toda aquella gentuza totalitaria. Lo hizo por partida doble, en 1934 y en 1936. Además, su gestión, aunque dictatorial, fue claramente socialista incomodando por ello a los socialistas, y por eso quieren exhumarle, vejar su figura y enviarla al olvido. A la inmensa mayoría de los demócratas españoles de 2019 nos da exactamente igual dónde estén los restos de Franco, aunque preferimos no estar exhumando restos por motivos ideológicos. Lo que sí exigimos es que los socialistas no gasten nuestro dinero en tapar sus vergüenzas, en cortinas de humo ni en hacer lo que verían una barbaridad que se hiciera con Mao, Lenin, Stalin, Castro o Chávez. También nos gustaría seguir disfrutando del Valle de los Caídos y de todo su entorno, tal y como disfrutamos de las fabulosas joyas artísticas que componen todo nuestro Patrimonio Nacional. Asimismo, francamente, agradeceríamos muchísimo que el PSOE, y Pedro Sánchez al frente, intentara recuperar todo o parte de las decenas de miles de millones que nos birló en 1936.