Pero

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Confieso que, después de lo que ya son décadas estudiando las antaño sibilinas técnicas de manipulación de El País, de rastrear la artera selección de datos y adjetivos y sopesar las sutiles libertades léxicas con las que nos vendía la burra ciega a precio de purasangre, ayer se me saltaban las lágrimas de la emoción ante el texto de su tuit informando sobre el desastroso resultado del Caso ERE. Obsérvenlo, gócenlo, sólacense en él:

“El ‘caso ERE’ supuso un fraude multimillonario muy superior al que condenó al PP en Madrid, pero a diferencia de la Gürtel, no hay blanqueo ni enriquecimiento”.

Permítanme que vuelva a suspirar. Me lo han dado todo con ese breve texto: ahí está, pura como la rosa, perfecta, la rendición de Prisa, su confesión de impotencia, el “ahí me las den todas”, la renuncia al disimulo más elemental, a un mínimo pudor periodístico. Y para que nada falte, para que todo resulte armónico y avergonzar al mismo Pravda de Brezhnev, la foto que acompaña a la noticia es… del juicio de la Gürtel.

Ese ‘pero’, esa mágica adversativa, esa comparación risible. ¿Recuerdan lo criticada que fue la primera de El País anunciando los atentados de 11-S, la de “El mundo en vilo”? Pues imaginen que hubieran abierto comparando los ataques con algún otro atentado y añadiendo, no sé, que en este caso no había habido ensañamiento. Oh, sí, han robado lo que no está escrito, pero no “ha habido enriquecimiento”. ¿Qué significa eso? ¿Se volatilizó en la nada toda esa millonada? ¿No cuenta lo que se enriquecieron los camellos y los clubs de alterne? ¿O es que todo se quemó en asar vacas?

La inmensa torpeza de nuestro diario de reverencia, es cierto, tiene excusas sólidas. Prisa, por ejemplo, se vale de la mayor credulidad del personal, tan polarizado que se agarrará a cualquier pretexto para defender a los suyos y demonizar a sus contrarios. También sabe el grupo fundado por Polanco que hace ya tiempo que dejaron de ser los guardianes de la verdad noticiosa, que ya nadie les compra pretendiendo encontrar en sus páginas lo que de verdad está pasando, sino el pasquín que les dé argumentos o, más bien, consignas que repetir en el bar.

Sobre todo, el tipo que manda en España y al que El País de Soledad Gallego sirve con fanática sumisión, Pedro Sánchez, está donde está por una moción de censura basada en el principio de que España no podía ser gobernada por un partido corrupto. Fue un tiempo de ampulosas declaraciones de pureza, de encendidas protestas de acrisolada honradez y de tratar a cada ‘pepero’ de nota como a un apestado cuya presencia ofendía las sensibles fosas nasales de la progresía.

Saben que todas las grandiosas proclamas del tiempo, que vuelven como el Fantasma de las Navidades Pasadas en forma de vídeos innumerables, les condenarían ahora a revertir el proceso en buena lógica o, cuanto menos, a que ese capitán de los descamisados que es Pablo Iglesias, surgido de las entrañas del proletariado para limpiar la vida política, retirara indignado su apoyo al Gabinete Frankenstein. Y, claro, no. Tonterías, las justas.

Hay un bonito chalet que pagar, y a uno no le ponen delante una presidencia del Gobierno todos los días. El PSOE puede haber robado el dinero de los parados en la región más pobre de España, una de las más pobres de la UE tras 37 años de gobiernos socialistas, pero dejémonos de bromas, que aquí estamos a lo que estamos. Y por lo menos no roban como el PP: es otro estilo, ¿saben?