YA NO CUELA

Picas y arcabuces

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Hacer llover millones sobre grupos de comunicación privados, cuando arrecian los despidos y las quiebras y asoma la sombra de la miseria por el horizonte, revela dos datos fundamentales de este gobierno de retales.

El primero es que se trata de un ejército al borde de la desbandada, que a la desesperada y a cara descubierta hace sus apuestas poniendo todo su capital en el arma que mejor le ha funcionado hasta la fecha: la imagen. A todos, creo, nos llama la atención, aunque no nos sorprenda exactamente, el griterío unánime de nuestros colegas, de la rama áulica y complaciente, de largo la más nutrida, mudando apresuradamente su sagrada misión de vigilancia del poder por la loa sonrojante y la carga contra el disidente.

Llámenlo, si quieren, heterogénesis de los fines o, si son más realistas y menos pedantes, ese Don Dinero tan hábil captando voluntades, más aún en tiempos en que los garbanzos no van a estar en absoluto garantizados en la mesa. Pero el caso es que vemos a quienes tanto llevan presumiendo de dignidad en su augusta misión de fiscalizar el poder pasándose con armas y bagajes a sus filas.

El segundo es que el Gobierno vive en el siglo XX. Esta ofensiva mediática no es para nada inútil, pero su eficacia ha ido disminuyendo en picado de un tiempo a esta parte. La propaganda se acerca a su punto de saturación y los medios convencionales ya no reinan en solitario sobre las mentes de la plebe. Hay, si bien todavía en embrión, incluso una creciente irritación contra esos maestros Ciruela de las ondas que nos hablan siempre desde el púlpito, con la condescendencia de un superior.

Dicho de otra manera, tiene algo de seguir apostando por las picas cuando ya se ha impuesto el arcabuz, de librar la batalla de ayer, e ignorar que las redes sociales son menos fácilmente amaestrables y los bulos se desmontan solos, sin necesidad del ahora silente Newtrall de Ana Pastor, Ana de las Bandas Negras.