La política del Pecado Original

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Colea el asunto de la escolta de Montero, que lo que tiene de significativo es lo que tiene de ridículo, algo no muy distinto al asistente ese de Echenique, que no tenía dado de alta en la Seguridad Social.

En un sentido muy obvio, son menudencias. La noticia precipitó en mi TL de Twitter un aluvión de comentarios con historias cada una más indignante que la anterior en la misma línea, en el sentido de que, en el mundo laboral, el cumplimiento estricto de los contratos a veces parece ser más la excepción que la norma.

Y, sin embargo, no deja de ser significativo en este caso, mucho. No porque en Unidas Podemos sus líderes estén cometiendo horrorosas irregularidades, escándalos abominables, sino, sencillamente, porque estos cotilleos casi domésticos revelan que son como todos los demás, arriba o abajo. Y esta perogrullada, que en cualquier otro partido tendría nula importancia, es fatal para la formación morada.

Porque, recordémoslo, ellos son los puros. Ellos han apuntado con el dedo la menor tara, elevando cada anécdota a categoría y aplicando una hipérbole descalificatoria a cada fallo de sus rivales políticos que ahora se vuelve contra ellos. Fue Pablo quien dijo que no podía ser ministro de Economía quien se comprara un ático de un millón de euros, no nosotros.

Sinceramente, el votante del PP sabe que los políticos del PP van a lo que van, no espera de ellos que sean impecables seres de luz, y otro tanto puede decirse del votante tradicional del PSOE. No así los de morado. Para estos, ‘otro mundo es posible’; son los que quieren creer con todas sus fuerzas que sus líderes solo piensan en el bien común y que realmente les indigna con ardiente celo la menor injusticia contra los trabajadores. Como la que sufrió presuntamente la escolta de Montero.

Naturalmente, daría exactamente igual que fueran puros como azucenas en lo personal. No es el comportamiento privado de Montero, Iglesias o Echenique el que debería preocuparnos, sino el régimen de pesadilla que sueña con imponernos. Que ese esté escrito, esté en sus programas, y escandalice menos que los mezquinos abusos de una patrona sobre su empleada me resulta incomprensible, como si la crítica que se le hiciera a Vlad el Empalador fuera que no levanta la tapa.