YA NO CUELA

Porque es izquierda

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Cuando, en una ocasión, preguntaron al entonces presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, por qué no se habían aplicado a Francia sanciones que se habían impuesto a otros países de la UE por idénticas razones, ese entrañable amante de los buenos caldos respondió con conmovedora sinceridad: “Porque es Francia”.

No es habitual que un político exprese con ese candor las realidades del poder, aunque alguna ventaja tenía que tener no depender de unas elecciones para gobernar.

En la vida política, lo verdaderamente importante es siempre lo que todo el mundo sabe y jamás se declara de manera oficial. Formalmente, todos somos iguales; realmente, todos sabemos que no es así ni por el forro.

Es hasta cansado; es positivamente agotador leer en artículos de opinión y redes sociales a gente que apunta el último desmán del Gobierno o sus adláteres con la apostilla de una interrogación retórica sobre lo que hubiera pasado si eso mismo lo hubiera hecho un político del otro bando. Ya lo sabemos, y aburre que se sigan planteando estas preguntas cuya respuesta se conoce sobradamente y es siempre la misma. ¿Por qué pueden hacer tal o cual, que es lo mismo que condenó al ostracismo a este otro político, pero multiplicado por diez? Porque son izquierda.

Y la izquierda puede, háganse a la idea de una vez. Puede porque han grabado a fuego en el subconsciente de varias generaciones de que la izquierda es el bien y la justicia, y todo es puro para los puros. Por eso algo tan nimio como el intento de que, en una comunidad autónoma menor, los padres puedan opinar sobre lecciones que ni siquiera forman parte del plan de estudios ni imparten profesores ha desatado la caja de los truenos. Porque sin la continua presión desde la más tierna infancia, esa monstruosidad se vería como lo que es.