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Predicciones a toro pasado

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Decía Yogi Berra, jugador de béisbal más conocido por sus declaraciones que por su juego, que hacer predicciones es difícil, sobre todo si son sobre el futuro. Y tiene razón, tanta que los periodistas nos especializamos en hacer predicciones sobre el pasado inmediato, es decir, a intentar explicar por qué es lógico que haya pasado lo que pasó.

¿Qué pretendía Sánchez convocando estas enésimas elecciones? Porque el rollo macabeo de que él quería pactar y los demás se le resistían se lo puede contar a Rita la Cantaora, que a lo mejor le cree. Sánchez pretendía, previsiblemente, mejorar su mano. No le creo tan cretino como para soñar con la mayoría absoluta pero sí, con el pueblo hambriento de su poquito de estabilidad política, con fortalecerse un tanto en escaños y, sobre todo, que Podemos perdiera lo bastante como para que se le bajaran los humos y le diera sus votos por una canción, como dicen los ingleses.

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El plan le ha salido regular. Sería exagerado, quizá, hablar de castigo, aunque algo de eso ha habido. Pero las condiciones no están ni un poquito mejor que en la anterior legislatura, más bien lo contrario. Nada suma.

En estos momentos, ya queda poco que prometer a unos nacionalistas que viven en su república virtual, e ir más allá sería condenar al PSOE por los siglos de los siglos.

Pablo está que fuma en pipa, con razón. Pedro le toreó lo que quiso, y si ahora el socialista le busca para gobernar, le va a exigir su libra de carne, y hará bien. La formación morada, llegada para asaltar los cielos, ha sufrido la enorme humillación de perder su puesto en el podio, y para mayor abundamiento, a manos del partido contra el que convocó su famosa ‘alerta antifascista’.

Aunque no fue cosa de Pablo, que todo el espectro estaba en lo mismo. Si nos han pintado durante décadas a la ultraderecha como ese grupo que emplea la violencia contra sus contrarios y trata de callar su voz, aquí tenemos una tan extraña que todos quieren callarla y cuando reciben -que reciben- miran todos para otro lado o justifican, que es que van como van y, claro, pasa lo que pasa.

El PP se ha beneficiado de lo que siempre se beneficia, del cansancio del PSOE y la inercia bipartidista. En este país, desde el hundimiento de la UCD, si pierde el PP significa que gana el PSOE, y si pierde el PSOE significa que gana el PP. Y el que tuvo, retuvo, y para ello no hacía falta que Casado fuera sabio; bastaba con que fuera discreto.

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Luego está lo de Ciudadanos, pobres. Otros que venían vestidos de pureza a comerse ese centro que todos pintan inmenso y se han quedado en los huesos. Aquí veo dos errores: haber despreciado su base de poder, Cataluña, y no darse cuenta de que entre PP y PSOE, con toda su retórica de odio cartaginés mutuo, a la hora de la verdad no cabe un alfiler.

Rivera y los suyos se hicieron un nombre, sobradamente merecido, plantándoles cara a los procesistas en Cataluña en plan ‘Solo ante el peligro’, cuando el PP apenas piaba y el PSC bailaba alegremente la conga con los nacionalistas. Fueron el partido más votado en las últimas autonómicas, y van y se llevan a Arrimadas, la artífice del triunfo, a Madrit.

Y en Madrid se han intentado abrir hueco mareando la perdiz y tratando de no ser ni carne ni pescado. Pero si el centro es apetecible los demás ya se han dado cuenta y se suman a la etiqueta. PSOE y PP juegan a ser el centro desde siempre, y aquello está como el metro en hora punta. No hay hueco ni pidiendo la vez. Lo de jugar al misterio puede dar resultado de primeras, pero no demasiado tiempo.

Y luego está Vox, la sorpresa. En realidad, no hay tal. Quizá hace treinta, veinte años el bloqueo mediático y la demonización hubieran triunfado, pero ya es imposible, ya la información no está en la manos de un puñadito de grandes medios.

Y, en serio, no es que en España haya tres millones y medio de fachas, duerman tranquilos. Hay mucho de hartazgo, de rebeldía, de voto antisistema. De ganas de que se hable de tantos asuntos que el español normal vive a diario y están vetados en la misma cámara que les representa. De jugar a la contra de una clase política que nos dice que lo hacemos todo mal, hasta en el cuarto de baño, que actúa como una Señorita Rotternmeyer con los poderes de Iosif Stalin y el emoji de la sonrisa. ¿Que no puedo votar a Vox? ¡Pues mira, mira!

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