ASALTO AL PODER

¿Quién cambia las reglas del juego? Por Vicente Baquero

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A toda persona con un mínimo de memoria y conocimiento de nuestra historia reciente, porque no estamos hablando de la prehistoria ni la edad media ni siquiera de la pérdida de Cuba, sino de apenas dos generaciones,  debería preocuparle la disyuntiva que empieza a perfilarse en España de cara a la alternancia en el poder. Que nadie tenga dudas: tras esta pandemia se recuperara la normalidad, más tarde o más temprano, las personas se reincorporan a sus tareas, y la humanidad seguirá por su camino, trágicamente con algunas personas menos que habrán visto adelantada su ausencia, mientras las nuevas urgencias desplazaran inmisericordemente a las actuales. Lo que si tendrá trascendencia de cara a las generaciones inmediatas será la solución que se busque para resolver la crisis estructural que está afectando a varias naciones y en concreto a España, que han quedado encubiertas u opacas ante esta situación de necesidad sanitaria.

La alternancia de poder fue uno de los condicionantes “democráticos” que a través de un sistema de sufragio universal corregido quedaron establecidos, no el único ni mucho menos, en la constitución de 1978. ¿Qué ocurre cuando tras el paso del tiempo y con las experiencias contrastadas, vemos los fallos que incorpora ese sistema de sufragio matizado? Pues comprobamos que han faltado en el texto, en un país tan legalista como el nuestro, muchas clausulas o normas  que le cerraran el paso al poder a aquellos movimientos o ideologías cuya intencionalidad fuera distinta a la de los pactantes de buena fe de aquella  nueva constitución que habría de traernos la paz social.

Las consecuencias de ese vacío legal, con el tiempo, nos ha llevado a una situación en que una combinación perversa del sistema electoral y la dispersión de las fuerzas y ambiciones políticas de los partidos,  a que  tengamos un gobierno “legal” pero “ilegítimo”, pues es contrario al espíritu de aquellos principios que alumbró la llamada “transición”. Es evidente que los “padres de la Patria del 78” no tenían intención de que España se troceara en naciones independientes, ni que los españoles según  su procedencia tuvieran  derechos dispares, o que el derecho de propiedad se viese directamente amenazado,  la libertad de expresión o de cátedra en entredicho, al ciclópeo aparato burocrático administrativo local, o que nuestros aliados fuesen personajes tan pintorescos como los Evo Morales, Maduro, Lula, los Kirchner, Correa u Ortega, lo peor de cada casa en esta Sudamérica crucificada por déspotas, o que tal grado de incompetencia ejerza cargos públicos de responsabilidad… Nada de eso estaba en la mente de la mayoría de los que componían aquellas generaciones, aunque hubiera ya algunos que lo estaban diseñando aprovechando la ingenuidad del conjunto anestesiado con el sueño “democrático”; la mayoría, que si bien no habían vivido la guerra, si que la escucharon y vivieron sus consecuencias, unos para bien otros para mal, en primera persona y querían evitarla de nuevo a toda costa.

Se trataba de enterrar el hacha de guerra, el que no nos volviéramos a enfrentar por temas ideológicos, el equilibrio entre la libertad y la igualdad, huir del intento de llevar al país a la uniformidad doctrinal, renunciando a la lucha de clases marxista y la explotación despiadada de un capitalismo extremo, pero con respeto a las leyes del mercado y la libertad religiosa, en fin,  cualquiera que lo haya vivido conscientemente podría continuar la lista de cuáles eran los verdaderos objetivos, ¡incluso los no monárquicos aceptaron la presencia de un Rey!

Al igual que ese espíritu anterior es evidente,  también lo es que hoy el sistema ha saltado por los aires, y que estamos amenazados por una dictadura de izquierdas radicales al estilo del llamado nuevo socialismo del siclo XXI, trasposición de una ideología pergeñada entre aquellos que se estructuran en torno al llamado  “Foro de Sao Paulo”, desgraciadamente el socialismo de la transición ha vuelto a sus fueros marxistas de pre1936 y está alineado de hoz y coz con esta nueva fuerza política internacional. Este nuevo socialismo ha utilizado las ventajas que le proporcionan los fallos del sistema, siguiendo los principios del propio Engels,  para alcanzar el poder, aliándose con quien sea necesario para expulsar a la derecha y a los conservadores en general del poder, es una realidad. Hay que recordar que para estos grupos la ley solo se utiliza y respeta cuando está a su favor, si hubiera que prescindir de ella  no hay problema,  la ley es un instrumento eficaz para mantener el control cuando se acata o se carece de la fuerza necesaria para  incumplirla, esta es una realidad que los teóricos olvidan con frecuencia, por eso el objetivo de estos grupos o ideologías,  que a la larga son siempre minoritarios, es controlar  las sociedades que parasitan cuando disponen de la fuerza necesaria.

La gran pregunta o desafío pendiente de la sociedad española en estos momentos, cuando salgamos de esta pesadilla del coronavirus, es si en un corto espacio de tiempo es posible montar una moción de censura con éxito y convocar unas elecciones generales para poner en marcha la alternancia política de carácter liberal diseñada en la “transición” o si nos vemos abocados a que transcurran tres años hasta unas nuevas elecciones, en cuyo caso, tengo serias dudas que sea posible desalojarles del poder. Si disponen de tiempo sus objetivos son transparentes: controlar los medios, la policía, la educación, la industria, la banca y el ejército; no es tan complicado en un país tan económica  y socialmente intervenido y dependiente como España, si a eso unimos las “autonomías” y municipios, ¿Qué más da que haya naciones independientes? si todas obedecen al partido, ese es el modelo de la constitución soviética de Stalin. Si no se les expulsa rápidamente del poder,  lo cual dada la composición y dispersión de partidos, los intereses egoístas, personalismos y regionalismos,  no va a ser fácil,  acabará por abrir la puerta a más de uno que vaya  a cuestionarse las reglas y buscar formulas alternativas de oposición menos complacientes.

La última palabra económica la tendrían el BCE, el FMI y demás instituciones comunitarias e internacionales, no me hago muchas ilusiones en cuanto a solidaridad benéfica, más bien confío en los intereses comunes, sobre todo el hecho de que tenemos la misma moneda: un hundimiento  de España sin duda arrastraría a la moneda y a Europa entera detrás. Si las condiciones impuestas a un rescate son lo suficientemente   enérgicas como para llevar a un grado de agitación social insostenible, que justificara una intervención de orden público, se podría tener que ir a unas elecciones anticipadas, en las cuales tendríamos ante nosotros un panorama similar al griego, sería la mejor alternativa. Salir de una crisis de estas características con un equipo del grado de incompetencia y malignidad  del actual en un entorno nacional dividido en parcelas descoordinadas, igual de o menos competentes todavía, es totalmente imposible. Cuanto antes nos demos cuenta de cuál es la alternativa, antes podremos empezar a poner remedio, no tiene sentido seguir fingiendo que no ha ocurrido nada, y que estamos ante una simple alternancia de poder. Estamos ante otra realidad política, espero que los líderes de los partidos teóricamente conservadores, o simplemente no marxistas, se den cuenta a tiempo, los de izquierdas hace tiempo que lo saben, y han tomado sus posturas, estamos ante un asalto al poder en toda regla y de consecuencias inmediatas.