Realidades paralelas

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Tengo un amigo periodista que hace muchos, muchísimos años, fue a hacer prácticas a uno de los principales periódicos de un país sudamericano. Al aterrizar en el aeropuerto de la capital descubrió que lo tenía difícil para llegar a la redacción: la ciudad estaba literalmente colapsada por una enorme protesta. A medida que trataba de avanzar en el taxi por calles secundarias veía la muchedumbre ingente derramarse por todas partes, invadirlo todo en una marea humana que parecía llenarlo todo. Jamás había visto nada como aquello. Tardó horas en llegar.

Al día siguiente, a primera hora, bajó a comprar el periódico al que había entrado a trabajar. En la primera, ni rastro de la monstruosa marcha, de la ciudad en caos. Era como si no hubiera ocurrido, sin más.

La anécdota tenía siempre éxito, porque por entonces, inocentes, nos parecía increíble, remota, ajena. Y yo, que le escuchaba a medias incrédulo, no podía entonces sospechar que viviría para ver en los medios de mi país esa división tajante en realidades paralelas que apenas se rozan en el infinito.

ABC y El Mundo abren hoy con la noticia del juicio a UGT por estafa sobre los fondos del paro. Es la noticia, para estos dos rotativos. ‘UGT, al banquillo por saquear a los parados para sus gastos’, reza el titular del segundo. En La Razón va en cuarto lugar. En El País hay que mirar con mucha atención porque no es el primero, ni el segundo, ni el tercero, ni el cuarto ni el quinto tema: arriba, en cintillo, puede leerse: ‘Procesada por un fraude millonario la antigua cúpula de UGT’. Ese ‘antigua’ -pasemos página- es definitivo.

Pronto no estará ni en letra pequeña. En muchas ocasiones, para muchas cuestiones, no está en absoluto. Y esa misma división afecta a la ciudadanía, cada vez más ajeno un bando a la realidad que viven los del otro. Es toda una experiencia vivir en un universo diferente al de tu vecino del sexto.