YA NO CUELA

Sánchez, Iglesias y la otra pandemia

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Destruir no lejos de un millón de empleos en una quincena es un logro al que ni los socialistas en sus peores épocas se habían acercado, y lo curioso es que ante este vertiginoso panorama de depresión -no recesión, eso sería Jauja y no está a nuestro alcance ya-, el Gobierno sigue actuando poco más o menos como si dispusiera de los mismos fondos que en tiempos de bonanza.

Cuando se nos diga que ya podemos volver al trabajo, muchísimos españoles se van a encontrar con que no tienen trabajo al que ir, y pagarles a todos a partir de una producción dramáticamente reducida va a ser como para que cualquier ejecutivo serio se proponga ir solo a lo esencial y dejarse de ayudar a los amiguetes, repartiendo millones que ya no hay.

Uno entiende perfectamente la alternativa diabólica que ha hecho vacilar a varios gobiernos de nuestro entorno, como el británico. Sin el encierro, muchos morirán; pero con el encierro, el remedio puede ser peor que la enfermedad, que acaben muriendo más o menos los mismos y, encima, caigamos en una situación de miseria a partir de la cual mueran aún más.

Estas cosas no las endereza ni un Solón, pero un buen gobernante puede, al menos, parar lo peor del golpe. Pero España se encuentra con un gobierno de retales, con comunistas en ministerios y formado a partir de un solo voto de diferencia, de un tipo de Teruel.