Siguiendo el rastro (IV)

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Seguimos en Polonia. Últimos días de Septiembre de 1983.

Aunque parezca un cuento, lo que voy a comunicar, es la pura realidad vivida con especial interés. Terminada la Conferencia Internacional de la UNESCO, permanecí dos días en Varsovia. Me pareció que tenía la oportunidad excepcional de conocer más del Comunismo en vivo y en directo. El primer día anduve solo, caminando desde el Hotel hacia el Centro Histórico de Varsovia, el antiguo Palacio Real y la Plaza del Mercado. U/na zona monumental destruida en dos ocasiones, incluyendo, edificios memorables, construidos en el Siglo XIII. Parte de ella reconstruida, y gran parte en proceso de reconstrucción en ese  momento, especialmente en los interiores de los edificios, por lo que no era posible visitarlos. La ayuda de la UNESCO fue decisiva para levantar nuevamente esos Monumentos, que fueron declarados Patrimonio Nacional en el año 1980, a pesar de no estar totalmente terminados. 

Completé el día visitando algunos barrios alrededor del Centro Histórico. Bloques de viviendas idénticas, la mayor parte de ellas, al estilo de los países de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Las mismas que había visto en otras ciudades, visitadas en los cuatro días anteriores, así como en otros Países de la URSS.

El segundo día viví experiencias únicas, propias del Sistema Comunista, de las que destaco las tres más significativas:

  • El cambio de moneda era muy singular. En los Hoteles había que pagar en dólares o en Zloty, previamente cambiados, obligatoriamente, por el mismo Hotel a 4 o 5 Zloty por dólar. No había regulación oficial, salvo el Kantor público,  por lo que en cada sitio, cada persona, en función del uso que fuera hacer con los dólares, te ofrecía un cambio diferente. El cambio en la calle oscilaba entre los 10 y los 20 Zloty.

Comí en pleno centro de Varsovia, en la Plaza del Mercado, en un Bar-Restaurante nuevo, como la mayor parte de los edificios de la zona. Coincido con un Norteamericano en la misma mesa. Terminaba de cambiar seis dólares en la misma plaza, a 20 Zloty/dólar. Se lo comento al americano y me dice que no cambie más a ese precio, era un precio muy bajo. Ahora llamo a uno de la casa, que te va a tratar mucho mejor. Efectivamente, me dobló el precio del dólar. Cambié 20 dólares por 400 Zloty. Quise saber por qué esa enorme diferencia. Muy sencillo, me contestó. Ahora él los vende a algunos adinerados, que quieren ahorrar dólares, para poder viajar fuera de Polonia, ya que sólo se puede volar con dólares.

En este momento Polonia tiene la doble divisa, el Zloty y el Euro, con un cambio oficial de 4,3 Zloty por € y en la calle está entre 3,7 y 4,2 aproximadamente.

  • Por la noche, en el Hotel, fui testigo privilegiado de un hecho insólito. Después de cenar, tenían la costumbre de tomar de tomar unas copitas de wódka. Yo sólo tomaba una, alargándola con sorbitos, que apenas mojaban los labios. Había quedado allí con un Ingeniero polaco de la fábrica de helicópteros y con el Jefe de producción de la Fábrica de coches, “El Polonés”, que era el Fiat 27, el mismo modelo que el SEAT 27 español.

Al Ingeniero lo acompañaba un Obrero de la Fábrica, Jefe de una sección de producción. Al acercarme a ellos, de inmediato el obrero me saludó muy cordialmente con un abrazo, diciendo en voz alta y con evidente tono de que le sobraban varias copas de Wódka: “Español… español, Juan Carlos… Juan Carlos…. Molto bene”. Así lo repitió varias veces, dándome sucesivos abrazos, provocando las sonrisas de los presentes, incluso con una ovación de lo que decía, más que de lo hacía conmigo. A los dos o tres minutos, no más, se dirigió hacia mí, le cortaron el paso, pero siguió con su canción: “Juan Carlos…. Juan Carlos ….(Levantando los brazos) … Molto bene ….Molto bene…” En esta ocasión, sin embargo, bajando sus brazos hasta el nivel de su bragueta, gritaba Jaruzelski ….. Jaruzelski …. Urrrrrr…..urrrrrr…”, con un evidente movimiento de orinarse en su Presidente. Repitió varias veces la escena en un absoluto silencio de las decenas de personas que había en el Bar y la llamada de atención del Ingeniero, reprochándole su actuación. De inmediato, una camarera, situada dentro de la barra del Bar, lo llamó suavemente. Le hizo señas para se acercara, lo agarró fuertemente por la ropa, cerca del cuello, le dijo algo al oído, con voz baja, que evidentemente yo no entendí. De inmediato, en pocos segundos, se le pasó la “borrachera”. Salió tambaleándose del bar, poniéndose la mano en la boca, sin mirar a ningún lado.

A la salida me explicaron cómo funcionaban ciertas cosas en el Sistema Comunista. Esta señora era Comisaria Política, bien pagada para informar de inmediato, sobre cualquier desliz de los ciudadanos. Con seguridad que tendría consecuencias para su compañero. Ellos intentarían suavizar hasta donde les fuera posible, porque también era peligroso mediar en la defensa de asuntos tan sensibles.

  • La tercera experiencia fue especialmente significativa a nivel personal. Con los cambios de moneda que hice esa tarde, me encontré con suficientes Zloty, como para comprar ámbar, la piedra preciosa orgánica, de Polonia, existente también en los demás países del Mar Báltico. Procede de la resina de los  árboles, con millones de años de sedimentación, en determinadas condiciones geológicas. Hay una variedad de colores y de tonos, amarillo, anaranjado, azul, blanco. Marrón, oro, rojo y verde. No solamente tienen los colores atractivos, además emiten una fragancia singular, especialmente cuando flotan en el agua del mar reflejándose en ellas el sol. Es la única piedra preciosa que sólo se limpia con agua.
Ambar rojo
Ambar azul
Ambar

(Tomado de JUWELO).

Ambar verde

Me advirtieron en el Hotel del peligro de llevar demasiado ámbar para pasar la aduana. Podían requisármela o sancionarme y tener que pagar al Policía el correspondiente porcentaje. Evidentemente eso me preocupó, pero ya no tenía remedio.

Recordé de inmediato la recomendación del Profesor de la Universidad en la Asamblea. No te quites la identificación de la solapa, hasta que no salgas de Polonia. En el Aeropuerto llévala bien visible. Todos teníamos una colgada, durante el desarrollo de la Asamblea. En mi caso llevaba también una identificación especial pinchada en la solapa de la chaqueta con mi nombre y la leyenda, bien visible, “Vicepresidente Asamblea Internacional UNESCO”. Seguí al pie de la letra la sugerencia, sin dudarlo. “Ad pedem litterae”,  me diría el Profesor Janusz Tymowski, como solía hacer con frecuencia, con palabras o conalguna frase en latín.

Llegué finalmente al Aeropuerto, al día siguiente por la mañana temprano. La sola visión de un salón enormemente largo, no menos de 40 metros de longitud, me hizo parar a la entrada, sin dar crédito a lo que veían mis ojos. Centenares de personas se movían por el salón, por los laterales del mismo. Exactamente en el centro había un banco, con un metro de ancho, del principio al final de la dependencia, todo lleno de maletas abiertas. Por un lado, los dueños de las maletas y por el otro lado, bastantes policías revisando sus contenidos minuciosamente. Tuve unos segundos, sin ser capaz de mover un pie. Sin saber de dónde salió, me saludó un policía, cogió mi maleta y me dijo, “sígame, por favor”. Fue tan amable que lo seguí, sin saber a dónde me llevaba y por qué. A los pocos minutos recordé la Voz del Profesor y me sentí tranquilo y privilegiado, porque imaginé el final de la comedia. Efectivamente acerté. Me llevó hasta la zona de embarque, señalándome la puerta correspondiente. Le di las gracias y alargué mi mano para despedirme. No me dio la mano, me saludó cortésmente a estilo militar y me deseó un buen viaje. 

Las conclusiones son tuyas, querido lector.

por Noé de la Cruz.

Licenciado en Pedagogía, Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Especializado en Sociología (Técnicas de Investigación Social y Sociología de la Familia) y Diplomado en Psicología Industrial por la Escuela Superior de Psicología y Psicotecnia de Madrid. Ostentó el cargo de Consejero Titular en el Consejo Nacional de Educación durante 6 años. www.valoresuniversales.es