YA NO CUELA

Stat crux

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De ese batiburrillo de propuestas políticas de su padre y de su madre que la omnímoda hegemonía cultural de la izquierda pretende concebir en un solo bloque, las derechas, un modo infalible de distinguirlos es observar, de las nefastas acciones del gobierno, qué consideran ‘cortina de humo’ para tapar lo que de verdad importa y al contrario.

Así, los liberales y tribus asociadas ya están bramando contra esa maniobra de distracción que en sus cabezas son la nueva ley de memoria histórica y el anuncio de la conversión del Valle de los Caídos en un cementerio civil, con la previsible demolición de la cruz de piedra más alta de Europa. Lo importante, ya saben, es el presupuesto y los EREs y la gestión de la pandemia.

Y no, no estoy negando que el presupuesto y los EREs y la gestion de la pandemia sean cosa de poco momento, pero sí que derribar la cruz -la Cruz- y reescribir la historia y censurar recuerdos es un objetivo demasiado crucial para la izquierda como para pretender que lo hacen solo o principalmente para tapar otras vergüenzas.

La Cruz ha sido siempre el enemigo, y todo lo demás es marear la perdiz o, para decirlo en lenguaje marxista, ‘superestructura’. Les debe de volver locos, en especial, esa cruz que se ve desde tan lejos como un desafío a todo lo que representan.

Mientras, la derechita de Casado, que estas cosas ni las huele, asiste mansa y silente a la preparación atareada de su propio cadalso. Porque, ¿cuánto creen que tardarán en pasar de la demonización del bando nacional de la Guerra Civil y el blanqueamiento indecente de los carniceros de las checas a concluir que el PP, como heredero del franquismo, es un partido ilegítimo?