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TRIBUNA

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«La Democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. Abraham Lincoln (político estadounidense).

Resulta prácticamente inevitable que hoy entendamos la Democracia, además de como una forma de gobierno, como un estilo de vida. También la existencia de una relación indisoluble entre la Democracia y la participación ciudadana. De hecho, estoy completamente de acuerdo con quienes sostienen que la construcción y la consolidación de la Democracia involucran no sólo a las instituciones de gobierno y a los partidos políticos, sino también a los ciudadanos. Porque su participación voluntaria y responsable resulta imprescindible en los regímenes democráticos.

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En la actualidad hablamos constantemente de la participación ciudadana y nos preocupa porque es una extraordinaria vía que nos permite incluir nuevas opiniones y perspectivas. La participación es siempre un acto social, ya que significa trascender del plano individual para formar parte de una organización o un grupo más amplio, pero también significa compartir.

En este sentido, siempre me ha resultado curiosa la idea de que incluso quien cree que no interviene en absoluto, en realidad está dando un voto de confianza a quien toma las decisiones. Por tanto, al final también participa a su manera.

No comparto, en ningún caso, la opinión de que la participación ciudadana se agota en las elecciones. Ni que, por tanto, los votos son la única forma de darle vida. Para que los gobiernos puedan actuar en las prácticas cotidianas es indispensable que existan otras formas de contribución ciudadana más allá de los votos. Por tanto el voto es un primer puente, pero le pueden y le deben seguir otras muy variadas vías de cooperación. Tal como afirma Robert Dahl, participación y representación son dos términos que en las democracias modernas han dejado de significar lo mismo, pero que se necesitan recíprocamente, ya que la primera se vuelve representación gracias al voto, y la representación se sujeta a la voluntad popular gracias a la participación cotidiana de los ciudadanos.

Existe un difícil equilibrio entre las razones que animan a las personas a colaborar y sus posibilidades reales de hacerlo. Igualmente, entre el ambiente que les rodea y su voluntad de intervenir activamente en los asuntos públicos. Por eso resulta imprescindible que el entorno político sea lo más estimulante posible. Para ello, no hay recetas pero sí varias vías como la observación y la verdadera voluntad de querer conocer la realidad y de buscar esa interacción. Pero lo que sí está claro es que cuantos más estímulos reciba una persona de su entorno inmediato, más inclinación tendrá a participar en asuntos colectivos y más profunda será su participación.

Al ciudadano siempre le ha costado “atravesar” esa barrera que le parecía percibir al acercarse a una administración pública para realizar cualquier tipo de gestión o trámite, cuanto más para participar voluntariamente con el objetivo de promover una inquietud, plantear una sugerencia o realizar cualquier acción que no le resulte prácticamente obligada. Tal vez los tediosos trámites burocráticos, la lentitud a la hora de obtener una solución o respuesta, o la frialdad de un despacho y de ser atendidos desde el otro lado de una mesa, hayan lastrado las ganas de participar de la gente que aún en nuestros días se ve poco incentivada y le cuesta mostrarse más participativa.

Sin embargo, las cosas están cambiando y, hoy, diversos elementos están propiciando un acercamiento mucho menos rígido, más natural, fresco y familiar. En este sentido, las redes sociales están jugando un papel importante porque el ciudadano viene observando cómo puede interaccionar con una institución, o un representante de la administración en tiempo real.

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No obstante, la principal vía de acercamiento al ciudadano sigue siendo la más tradicional, aquella que mueve la vocación y sentido de servicio público: estar a pie de calle. El trato directo con el ciudadano es el que ofrece la posibilidad de tomar el pulso a la realidad social sin intermediarios, de conocer las inquietudes, problemas y necesidades de nuestros vecinos yendo directamente a la fuente: los propios vecinos. Y este contacto debe ser constante y permanente ya que cada demanda satisfecha genera otras nuevas.

A menudo me vienen a la memoria las palabras que una buena amiga con una consolidada trayectoria política me dijo en una ocasión: “los políticos deben estar en la calle. Calle, calle y más calle”. Completamente de acuerdo con ella, nuestra experiencia de cada día viene a poner en valor aquellas palabras. Hay que estar en la calle, en los parques, en los colegios… Hay que estar en los negocios apoyado a los de siempre y apostando por los nuevos emprendedores. Hay que estar en los centros deportivos y culturales, impulsando el deporte entre nuestros niños y jóvenes. Hay que compartir experiencias con los mayores y escuchar a quienes vienen desde otros países. Hay que estar con los vecinos y visitarles. Es la mejor forma de atestiguar que todos cuentan, que la participación de cada uno de ellos es imprescindible y que gracias a ello, es como se construye una sociedad con alma…