La única alternativa

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El fenómeno de la derecha alternativa es diverso según el país donde se mire. Sin embargo, a pesar de ser un movimiento social heterogéneo, bebe de la misma fuente. El conservadurismo y el paleoconservadurismo, la identidad cultural y el anhelo de libertad convertido en rebeldía frente a la imposición de la izquierda. 

Las utópicas y transformadoras ideas del progresismo han chocado con una gran mayoría de la población que veía atacado su modo de vida; sus comunidades, tradiciones, incluso su estructura familiar. A su vez esas personas eran repudiadas y marginadas por el hegemónico pensamiento progresista y defenestradas como una suerte de racistas, xenófobos, fascistas, machistas, paletos, primitivos (desde el aquelarre ecolojeta y animalista) y demás vituperios. El gran error es que todos ellos no pertenecían ni pertenecen a las clases altas, sino que representan el grueso de la clase media y trabajadora de la nación, esencialmente formada por hombres y mujeres blancos, españoles y heterosexuales. 

Para más inri el activismo radical de la extrema izquierda que trataba de crear un sentimiento de culpa en todos ellos (¡insolidario!, ¡racistas!, ¡machistas!) generó que aquellos sujetos que estaban durmientes y que se abstenían de todo debate político, tomaran partido. Ese pueblo mansurrón de epidermis cornea que mencionaba Ortega había despertado. Fue un despertar natural, pues las ambiguas posturas del centro y centro derecha no movilizaban, el pueblo no estaba dispuesto a luchar por ideas que no eran lo suficientemente sólidas como para hacer frente al poderoso pensamiento cultural de la izquierda. Siempre centrados en el debate económico, los partidos de la derecha moderada habían dado por perdido el debate cultural y con ello abandonaron a una gran mayoría de la población que sentía un vacío que no podía llenar con planes de pensiones, acciones en bolsa o riqueza empresarial. Clamaban en su fuero interno por un liderazgo y una estabilidad hacia su modo de vida amenazado. Además, estas gentes no solo no eran de clase alta, sino que tampoco estaban lideradas por intelectuales ni por grandes medios. Menos aún estaban versados en las obras de Oswald Spengler, H.L. Mencken, Julius Evola o Sam Francis, e ignoraban la existencia de periódicos como Breitbart News o de nombres como Steve Bannon. 

En España la reacción hacia la doble moral de la izquierda ha sido lenta y espontánea y se está revelando como un gigante que despertará, hará su trabajo y volverá a dormir, siempre vigilante, cuando no vea peligro. Ese debe ser el cometido de la Alt-right (derecha alternativa), dormir cuando el río vuelva a su cauce, pero estar siempre vigilante. Esta reacción viene desde abajo, desde el pueblo, una auténtica rebelión social y nacional contra la opresión del pensamiento progresista. Una rebelión social que ha encontrado su expresión política en Vox. 

“Join the fight with the Alt-Right”