Uno de los vicepresidentes

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Llámenme frívolo, pero aunque este gobierno incoado tiene todas las trazas de ser una verdadera catástrofe para nuestro país, no dejo de pensar que va a ser también entretenido como una serie de Netflix.

Pedro y Pablo no caben juntos en una misma habitación, mucho menos en el poder: demasiado ego, demasiado narcisismo desmedido. Uno de los dos sobra, aunque desde aquí pensemos que los dos. Y lo que dure va a ser un vaudeville de navajeos con sonrisa que no puede acabar bien.

Pedro aún no se ha ido a Canarias a descansar de esos agotadores 10 segundos y el flamante vicepresidente es ya uno de cuatro. Y esto ni siquiera ha empezado.

Tú mueves, Pablo.