La venganza del precedente

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El modo de perder la libertad y las garantías democráticas es cegarse con el partidismo. Cuando es el ‘enemigo’ -su nombre apropiado debería ser ‘rival’, pero acaba siendo indefectiblemente enemigo- el que se ve lesionado en un derecho o privado de alguna forma de libertad, no nos sale protestar. Algo habrá hecho; se lo ha ganado a pulso.

La pasión política o el interés personal nos ciegan. Y no es que aspire a que, en la vida pública, vivamos siempre inspirados por un espíritu cívico y altruista que solo he visto en los libros; me basta un egoísmo capaz de mirar más allá de la mezquina victoria inmediata; lo suficiente, en fin, para darnos cuentas de que, al aplaudir o callar ante la tropelía que sufre nuestro rival, estamos aplaudiendo o callando frente a una pérdida que tarde o temprano sufriremos nosotros.

Niemöller es siempre muy socorrido en estos casos, principalmente porque su célebre poema es completamente cierto, casi un manual al uso del pueblo en democracia: si no defiendes con uñas y dientes las libertades de tu enemigo político, sino protestas a voz en grito de cada derecho suyo que vulneran, tarde o temprano verás que libertad y derecho también ha desaparecido para ti, o lo hará cuando sea conveniente.

Periodistas de grandes cadenas de televisión españolas han descubierto lo que es que una muchedumbre de independentistas enardecidos increpen, insulten y agredan a sus profesionales, y todos nos hemos puesto mu estupendos con el sacrosanto deber de informar y del derecho a hacerlo. Pero la cadena del grupo para el que he trabajado durante años, Intereconomía, ha sufrido, multiplicadas, todas esas vejaciones de modo rutinario entre sus periodistas, ante la indiferencia o, peor, las risitas satisfechas del resto.

Algo menos de la mitad del electorado catalán es partidario de la independencia. Eso es mucho, demasiado para pensar que todos ellos sean una turba de descerebrados. Entre esos millones imagino que habrá muchos, la mayoría, que sueñen con un Estado catalán próspero, pacífico y democrático. Y no entiendo cómo no se dan cuenta de que dejando que los hoolingans -incluidos los de su propio gobierno autonómico- hagan con la ley mangas y capirotes y traten de imponer sus ideas por la coacción y el miedo están preparándose un negro futuro. Se llama ‘precedente’, y supone una fatal venganza de la historia.