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Voto emocional y racional

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Más España. No cabe otra lectura del resultado electoral. El espectacular ascenso de VOX por supuesto obedece principalmente a la respuesta de los españoles al desafío separatista. Hartos de la impunidad con que los nacionalistas campan por la vida pública, hartos de la complicidad de la izquierda, hartos de la tibieza del PP. 

Pero no sólo se trata de un voto emocional. El descalabro de C,s revela que también los españoles se han hartado del postureo, de la imagen sin contenido, del relativismo moral, del centro como territorio líquido que justifica cualquier bandazo. El voto racional no sólo consiste en consideraciones económicas, en pedir impuestos bajos y moderación. Consiste en ir más allá del individualismo para reivindicar más España. España como comunidad nacional, porque de lo que se trata es de recuperar el proyecto nacional. 

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Abascal acierta al marcar el camino de VOX, acierta de lleno cuando pretende encauzar esta reacción como “un movimiento patriótico y cultural”. Por fin en España se abre la posibilidad de plantar batalla a la ideológia progresista, de terminar con el consenso capitalismo-socialdemocracia. 

La primera tarea a abordar es recuperar España. Salvaguardar la unidad nacional, parar la fragmentación de la soberanía recortando las competencias autonómicas, acabar con la influencia de los partidos separatistas en la vida política. Pero sobre todo se trata de recuperar a los miles de españoles que han dejado de creer en su patria. Para conseguirlo, necesitamos eliminar la manipulación sobre el legado de España que ha emponzoñado su corazón, pero también hacerles partícipes a de una empresa viva en la que se sientan incluidos y protagonistas. Recuperar España acabando con el guerracivilismo. Derogar la totalitaria Ley de memoria historica que divide a los españoles y falsifica la verdad. Ningún proyecto nacional será posible mientras se mantenga el revanchismo de una izquierda azuzando el odio de un bando contra otro. Recuperar España como proyecto común que no olvide que la comunidad siempre implica una solidaridad y justicia social que permita a todos prosperar sin más exigencia que el esfuerzo personal. 

La segunda gran tarea que debe afrontar este movimiento es lograr que la sociedad sea consciente de que el gran reto de nuestro tiempo es enfrentar o rendirse al desafío del mundialismo. Un mundialismo que, al favorecer una inmigración masiva a las zonas desarrolladas, propicia la erosión del arraigo de todos los colectivos implicados y provoca en Europa la incoherencia de un sistema que es incapaz de dar empleo digno a muchos de sus ciudadanos, a los que debe subsidiar, mientras a la vez “importa” trabajadores extranjeros. Un mundialismo que impulsa la agenda de la ideológia de género y el aborto, socavando a la institución familiar como la base más sólida de la solidaridad social, asilando a la persona, reduciéndola al mero individuo que persigue sus deseos particulares. Con el mundialismo la dimensión pública del individuo se limita sólo a su papel como consumidor y contribuyente, sometido a un Estado desconectado de la comunidad nacional que le sirvió de fundamento, un Estado que se convierte en una estructura burocrática que ya no obedece a la soberanía nacional y se entromete, en aras de salvaguardar un bienestar decidido por no se sabe quién como universal, en las libertades de los individuos, en la estructura social, los derechos políticos y en el patrimonio particular. 

El día después de estas elecciones la reacción emocional debe dejar paso a la racional. “No nos refugiemos en la euforia, tenemos la responsabilidad de construir una alternativa social y patriótica que llame a todos los españoles», dijo ayer Abascal. Es hora de demostrarlo.

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