Ya no hace falta gaseosa

|

Supongo que de forma nada inocente, la primera de La Razón abre hoy con el rechazo de varios miembros del Consejo General del Poder Judicial al nombramiento de Delgado como Fiscal General del Estado y, debajo y con foto, con que el chavismo impide a tiros que la oposición entre en el parlamento.

Uno de los sectores más afectados por Internet ha sido el de la publicidad. Si alguien piensa en comprarse, digamos, un coche, ¿de quién va a fiarse más, de la empresa cuya supervivencia depende de venderlo en la mayor cantidad posible o de otros tipos como él que lo han usado y no tienen un interés directo en que se compre o se deje de comprar? Como consumidores en el mercado de bienes tendemos a “no ser tontos”, como reza el lema comercial de una conocida marca. ¿Por qué, entonces, somos tan obtusos en política?

La advertencia de Vázquez de Mella de que ponemos tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias tuvo algún día cierto sentido, porque las consecuencias no eran tan evidentemente previsibles a partir de sus causas. Había, al menos, que pensar cinco minutos. Hoy no tenemos siquiera esa excusa.

Todo el siglo XX fue un apólogo moral perfectamente transparente para una sociedad menos ciega y adocenada que la nuestra. Si una hipótesis científica falla una vez en el laboratorio, puede deberse a que el experimento esté viciado por causas ajenas; si falla cada vez que se intenta, lo inteligente es abandonar la hipótesis. Y si cada vez hace que el laboratorio salte por los aire, ni les cuento.