Ya si eso

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Dicen los sumos sacerdotes de la postmodernidad reunidos en Madrid, después de una brillante feria con vistosos números, niñas adivinadoras, cantantes sabios, multimillonarios generosos y un sinfín de números menores, que la cosa climática está tan mal y el peligro es tan inminente y desastroso, que han determinado tomar medidas audaces, radicales, profundas y sacrificiales, pero eso ya el año que viene, en la próxima, cuando vuelvan a reunirse llegando en sus jets privados y alojándose en los mejores hoteles y comiendo en los mejores restaurantes para enseñarnos la necesidad de comer cucarachas y vivir en un zulo. Y que Madrid es muy bonito a finales del otoño.

A mí me pasa, que conste. Yo también, regularmente, tomo medidas audaces, radicales y profundas para mi vida que empezaré a aplicar mañana. O la semana que viene, que esta me viene fatal.

Las cumbres del clima son un timo, una estafa, con todas las letras. Nos preparan para lo peor, nos aleccionan para que vayamos haciéndonos a cualquiera de las medidas tiránicas que se les pase por la cabeza, y el clima es una excusa cada vez más débil y absurda, pero también cada vez más histérica y desatada. Aunque todo fuera verdad, aunque hasta la última palabra de los calentólogos y Algores fuera cierta, nadie quiere pagar la cuenta.

Es el póker del mentiroso, sin poker. Todos los países que concentran las iras de la profetisa infantil ya han reducido emisiones, ya limpian, ya reforestan más que nadie. Y los que ensucian más, no van a parar hasta tener nuestro nivel de vida. El primero que se lo tome en serio y recorte tan a lo bestia como exige teóricamente la emergencia estará dando a los demás una ventaja económica que no van a desperdiciar, y no servirá para nada.

Si Estados Unidos está fuera, ¿de qué sirve lo que acuerden los demás? Si China e India siguen aumentando las emisiones como si no hubiera mañana, ¿qué broma es esta? Nadie quiere pagar las copas de esta fiesta ritual, sobre todo porque están acostumbrados a que las pague Washington, que no está ya por la labor. Y España solo ha puesto la cama.