¡Viva el mal! ¡Viva el capital!

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Si algo puede salir mal, sentenciaba lúgubre Murphy en la más famosa de sus leyes, saldrá mal. Pero el gobierno de esta provincia menor y periférica que es España aplica un ingenioso sistema para enmendarle la plana haciéndolo todo mal y llamándolo bien.

La inversión de valores es tan sencillo como eso. No hay nada que pueda hacer el Gobierno, ya sea pactar con el partido de la ETA o indultar a delincuentes de cuyo voto depende su permanencia; desde hundir nuestra economía y cercenar nuestros derechos más elementales a asfixiar a los más pobres con una subida de la luz ruinosa o unas cuotas a los autónomos inasumibles; desde invitar la invasión desde África a poner un avión a un tipo acusado de violación y torturas que ha entrado en España con pasaporte falso (o “distinto”), sin que los mismos que pedían la dimisión de gobiernos anteriores por la muerte de un perro nos expliquen que, en realidad, todo eso es bueno.

Psicológicamente es un acierto. Cuando tu oponente declara algo sutilmente erróneo, es posible desmontarlo; cuando llama a la nieve negra y al león de la selva, dócil e inofensivo, el efecto es paralizar las defensas del contrario, abrumado por semejante enormidad. Uno no sabe por dónde empezar, porque las premisas más comúnmente aceptadas no sirven.