Amordazar las conciencias

La izquierda secuestra la democracia. El caso de los EE.UU: de la autocensura al tabú

|

Según informa Judith Bergam en el Gatestone Insitute, en un sondeo reciente realizado entre 2.000 norteamericanos y elaborado por el Cato Institute y YouGov, el 62% de los encuestados manifestaron que “el clima político actual les impide decir lo que piensan por si alguien pudiera considerarlo ofensivo”.

La autocensura afecta a independientes (59%), demócratas moderados (52%) y sobretodo republicanos (77%)

En cambio, los que se consideran a sí mismos rotundamente progresistas, la izquierda militante del partido demócrata, partidaria del movimiento BLM y de otros movimientos radicales, los que están determinando el discurso políticamente dominante en los medios de comunicación globalistas, se mantienen como el único grupo político que siente que puede expresarse libremente. Cerca de 6 de cada 10 (58%) progresistas fervientes sienten que pueden decir lo que piensan. Se sienten dueños de la opinión pública y de la verdad democrática. Y tienen al resto de la población amilanada.

En teoría, señala el Gatestone Institute, EEUU protege el más amplio espectro de la libertad de expresión gracias a la Primera Enmienda de su Constitución. Sin embargo, en la práctica, el deterioro democrático producido por la intransigencia activa de la izquierda es de tal magnitud que el americano medio que se autocensura empieza a aproximarse al ciudadano común de Alemania, donde una encuesta sobre autocensura realizada hace un año concluyó que casi dos tercios de la ciudadanía está convencida de que “a día de hoy hay que ser muy cuidadoso con las opiniones que se formulan”, ya que hay numerosas leyes no escritas sobre lo que es aceptable y admisible. Esa avalancha invasiva del ideario progresista sobre de la libre opinión, que convierte en disidencia o negacionismo culpable la mera divergencia de criterios, comienza a recordar lo que se vivió durante demasiados años en el País Vasco bajo la presión nacionalista. Cuando disentir te hace culpable, la democracia ha dejado de existir. Occidente padece también esta pandemia.

“Casi un tercio (32%) de los norteamericanos con empleo dicen temer perder oportunidades de promoción o incluso el trabajo si salen a la luz sus opiniones políticas”. Los más preocupados son los que tienen más estudios. Casi la mitad (44%) de los norteamericanos con posgrado dicen que les preocupa que sus carreras resulten perjudicadas si otros descubren sus opiniones políticas, frente al 34% de los licenciados [college graduates], el 28% de quienes han pasado por la universidad [some college experience] y el 25% de los bachilleres [high school graduates].

Nuevamente, el estudio arroja una notable diferencia entre los demócratas y los republicanos con más estudios: Una cuarta parte de los republicanos con el título de bachillerato (27%) o que han pasado por la universidad (26%) temen que sus opiniones políticas les perjudiquen en el trabajo; pero la cifra llega al 40% entre los republicanos con licenciaturas y al 60% entre los posgraduados. la presión del dogma progresista sobre la vida conservadora es cada vez mayor.

La encuesta revela asimismo que los estadounidenses con menos de 30 años están más preocupados que sus compatriotas de más edad por si sus opiniones políticas dañan sus carreras. Loa norteamericanos jóvenes y preparados tendrían miedo a expresar sus opiniones políticas.

En efecto, como señala el Gatestone Institue: “Que sean los jóvenes los que más temen expresarse –la encuesta sugiere que es porque “pasan más tiempo en las universidades norteamericanas”– es particularmente preocupante para la fortaleza de la democracia. Ahora bien, no es sorprendente. Los campus del país siguen colonizados por la avalancha doctrinaria de la izquierda desde hace décadas. Con consecuencias de sobra conocidas: proliferación de espacios seguros  y advertencias ante determinados temas o contenidos [trigger warnings], escraches contra personalidades conservadoras y una cultura de la cancelación que pone en la mira a profesores y estudiantes que disienten de una ortodoxia política universitaria cada vez más totalitaria”. Recientemente, relata Judyth Bergman, la decana de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Massachusetts Lowell  fue despedida tras escribir “Las vidas negras importan, pero las demás vidas también” en un email dirigido a profesores y alumnos.

El dogma de la izquierda ha pasado de las universidades a los medios y de estos a la sociedad. Hay muchas cuestiones de las que ya no se puede hablar con plena libertad: la raza, el género, los méritos de la historia y la civilización occidentales, los diferentes niveles civilizatorios, el aborto, la eutanasia y el cambio climático están en lo más alto de la lista de asuntos proscritos. No solo se borran opiniones sino también asuntos sobre los que debatir. Temas tabú. Además, como señala el estudio, “hay incontables palabras y conceptos que han dejado de ser considerados legítimos; incluso nombres de alimentos. Quien disiente públicamente en alguna de esas cuestiones se arriesga a ser inmediatamente cancelado, sobre todo desde la muerte de George Floyd y el inicio de las protestas de Black Lives Matter por todo EEUU”. Las mal llamada empresas de verificación (neutral, maldita en España y todas sus correspondientes internacionales) juegan un papel decisivo para eliminar la disidencia en redes sociales.

La democracia es un régimen de opinión y cuando no se puede opinar libremente, o uno desaparece por el hecho de hacerlo, aquella termina por ser destruida. ¿Como conformar la opinión pública si existen temas sobre los que no se puede hablar, opiniones que no se pueden decir, autores que no se pueden citar, medios que no se pueden ver, debates que no se pueden entablar? La experiencia americana -trasladable plenamente a Europa y a España- confirma que la izquierda está secuestrando la democracia en todo occidente. El nuevo rapto de Europa.